Pilar Cernuda
LAS CLAVES
Un Gobierno bajo sospecha: Ceuta y la ley de nietos
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Por estas páginas pasaron las cuitas de la hostelería, con las tribulaciones de San Ignacio de Loyola, dudando si hacer mudanza en tiempos de crisis. Los bares son divanes de lanceros con casaca o monarcas de otras tierras —que diría Ana Belén—, prolongaciones de despachos de tiburones desdentados, confesionarios sin sacerdotes ni penitencia, tentaderos para el coqueteo sin burladero, senado que no legisla, gobierno en la sombra, vestuario en el que se deciden alineaciones, tribunal que juzga vidas ajenas, sanedrín de los profetas del nuevo orden mundial. Aparca todo dios, es el ágora con paredes donde rebota el eco de la elocuencia. En O Volter, célebre bar refugio de la camarilla cultural del Ourense de las exequias de más de medio siglo, su dueño, Tucho (Antonio Fontenla), convocaba a personajes de diferente ralea, que rompían las costuras de los convencionalismos de la época. Carlos Casares, Méndez Ferrín, Vidal Souto, Quessada, Acisclo, Trabazos, Moreiras, Alexandro... Los artistiñas. Han hecho más por lo que entendemos por cultura algunos antros que ciertos chiringuitos políticos con pretensiones de comprar un solar en la eternidad. Lo de menos era lo que se tomaba (allí se trasegaba un licor café mitad bromuro, mitad elixir vigorizante). Un café, una infusión, una cerveza o un vino estaban también en las mesas de las tertulias del Ateneo, el Orfeón, el Liceo, sociedades ya con plaza en el panteón de la ilustre desidia ourensana, salvo la entidad que habita en el Pazo de Oca Valladares, que lucha a brazo partido por no interpretar el concierto del Titanic. La hostelería es un negocio al que le quedan bien estos abalorios, que lucen como medallas en la guerrera de un general ruso, pero no comen de la retórica. En una ciudad con la vida en los Centros de Día, imaginar perder el refugio atómico de la hostelería para huir de la lluvia radiactiva en la que se convierte la vida local es un drama. Han cerrado muchos bares en las aldeas, ahora la vida social se ha trasladado a los velatorios, allí se ven todos para brindar por el muerto. Cuando se velaba al finado sin horario de oficina, no como ahora, había tiempo para chanzas, incluso partidas de tute sobre el ataúd y corría el vino hasta perder la vertical, como le pasó a uno del pueblo de al lado, que cayó de bruces sobre el sudario de una solterona que se fue sin estrenar a mejor vida. Hoy todo es tanto tienes, tanto vales. En agosto de este año la hostelería mantenía 8.425 afiliados a la Seguridad Social en el régimen general en la provincia y diez años antes eran 5.516. Va para arriba el gremio, al que los inmigrantes se han apuntado con la fe del converso. Eso es lo que vale en un Ourense en el que el sector terciario es el vademécum. Lo que quieren los empresarios es poner la mil nueve con un pincho de tortilla. Ya la tome el procurador de los tribunales o el que se las da de descollante cultureta. Lo importante es que la pague.
Los bares arrastran también los grilletes de los lugares de perdición. Las tabernas. Bajo, grosero o vil es el tabernario. En el diccionario de sinónimos, ya puede entrar pleno del Concello de Ourense, esa barra libre que paga usted. Esta semana otra vez un problema de aerofagia verbal del alcalde. Le falta gracia hasta para las regueifas, no digamos para cantos de taberna. Cuándo se encarará Luis Seara del BNG (expulsado del pleno), cantándole: "Mala chispa te coma, mala chispa te dé, mala chispa te trague, ai, ai é". Y qué tal un cruce entre las portavoces socialista y popular: "Vai tu, vai tu, vai ela, vai tu pra casa dela". No da para mucho más la reunión mensual de los 27 representantes de los denigrados impositores. Son incapaces de hacerse respetar y mantener a flote la dignidad no solo política, sino personal. Propongo recuperar los carteles que había en los viejos bares y situarlos a la entrada del salón de sesiones: "Prohibido blasfemar y escupir en el suelo". Cuidado con la saliva, puede transmitir graves enfermedades. Pónganse mascarilla, señores concejales, para evitar que las gotículas respiratorias que van por el aire al hablar propaguen la tuberculosis. Pueden poner un escupidero a la entrada para los esputos verbales. Al acabar la sesión, se tiran los salivazos por la ventana, al estilo del agua va, sobre la solapa de la gente. Aguantan todo.
Casi pasé miedo leyendo el periódico uno de estos días. El menudeo de droga se extiende por los barrios. Coca en los armarios de un individuo. La droga más barata está en As Camelias. Seis detenidos por prostituir a mujeres usando brujería. Implicado un ourensano en una estafa masiva que suplantaba a los bancos. Una conductora arranca la puerta de un coche aparcado. Todo el mismo día. Miré a mi alrededor vigilando a la gente, convertí en sospechosos incluso a mis acompañantes. Pensé en Jack el Destripador, pero solo era un vecino mal encarado. La estadística oficial dice que aquí todos tranquilos, todo controlado. Sin embargo, a saber lo que hay detrás del felpudo de cada casa. Manuel Vicent tiene un hilarante relato titulado Antena colectiva en el que retrata a "familias de abolengo que dejan un rastro de poder perfumado cuando atraviesan el vestíbulo del portal entre caobas". Una de las parejas se entregaba a las artes amatorias, "cabalgándose con furia desigual" y se grababan en video para futuro y vicioso solaz. Un problema en la antena colectiva distribuyó la señal por todos los pisos. Ahí se supo cómo se las gastaba el circunspecto matrimonio creyéndose fuera del escrutinio ajeno. Cuántas cosas ignoramos de la legalidad de los vecinos, como demostró la información. Luego, en cama, como si emiten lo suyo por streaming .
- Por qué en la era digital siguen las colas de los viajes del Imserso como si fuesen la fila del racionamiento?
- Precisamente en la era digital, ¿cómo es posible que vecinos de Viana caminen un kilómetro buscando cobertura?
- ¿Cuántos de los bajos vacíos pueden acoger nuevos negocios y cuántos son ya el desván de la memoria de un tiempo pasado?
Mira tú como la gente, de pie, aplaude a Álvaro Selas en el estadio de O Couto, organizador de un partido solidario para llamar la atención sobre el impacto de la ELA, una enfermedad que es un auténtico sadismo biológico. La recaudación ayuda a las asociaciones de enfermos a mantener el compromiso ante las exigentes ayudas que requieren este tipo de pacientes, también sus familiares. El reconocimiento a Álvaro es un abrazo inmenso a los que, como él, luchan a brazo partido contra las secuelas de esta patología. El cuerpo se rinde y se va irse, pero la mente permanece en su sitio, lúcida, atenta. Es la fortaleza mental de estas personas la que debería contagiarnos, sobre todo cuando maldecimos un insignificante revés, dándole la categoría de drama. Son admirables, pero sobre todo por su dignidad, que nunca se negocia. Álvaro y otros afectados por la ELA lo saben bien. Mira tú.
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