¿Se pondrá la economía al revés?

El mundo está cada vez más al revés –basta ver a Donald Trump de la mano de Putin, algo que parecía inverosímil–, pero de momento no ha pasado nada grave en la economía. ¿Seguirá siendo esto así?

Publicado: 02 mar 2025 - 02:45
Donald Trump sale de la Casa Blanca hacia Mar-a-Lago.
Donald Trump sale de la Casa Blanca hacia Mar-a-Lago.

El mundo parece estar al revés. Lo que hace apenas unos años resultaba impensable hoy se exhibe con la más absoluta normalidad. Ver a Trump de la mano de Vladimir Putin es una imagen que encierra una profunda carga simbólica. No es solo la confirmación de una alianza que desafía las lógicas geopolíticas del siglo XX, sino también la constatación de que el tablero global ha cambiado radicalmente. Sin embargo, hay un dato sorprendente: a pesar del giro brusco de los acontecimientos, la economía y las finanzas siguen en pie. ¿Hasta cuándo?

El encuentro entre Zelenski, Trump y J. D. Vance es la metáfora perfecta del fin de una era. Expone la fractura histórica en la relación entre Estados Unidos y Europa. La reunión no fue un simple intercambio de opiniones políticas; fue un escarnio público, una demostración de fuerza y una declaración de intenciones. EE UU ya no es el garante de la seguridad europea, sino una potencia caprichosa que impone su voluntad con una mezcla de desdén e intimidación. La humillación a Zelenski, desde la burla sobre su vestimenta hasta el cuestionamiento abierto de su postura, marca el inicio de un orden internacional en el que la brutalidad diplomática es la norma.

Este cambio de rumbo deja a Europa ante una encrucijada. Con la casi segura retirada del apoyo de Washington a Ucrania, la pregunta es qué puede y qué está dispuesta a hacer la UE. La posibilidad de sustituir la ayuda estadounidense con recursos propios se enfrenta a un obstáculo infranqueable: Europa no dispone ni de la capacidad industrial ni de la infraestructura de inteligencia necesarias para sostener un esfuerzo bélico a largo plazo. Mientras tanto, Rusia espera la oportunidad de imponer una capitulación que podría redefinir el mapa de Europa del Este.

El equilibrio precario de la economía puede romperse ante la incertidumbre geopolítica y la caída de las alianzas tradicionales

Pero el problema no es solo militar. La política de Trump está diseñada para reducir a Europa a una posición económica de dependencia y sumisión. Su visión de las relaciones internacionales es transaccional: la seguridad no es un compromiso, sino un servicio que debe ser pagado con lealtad absoluta. La estrategia es clara: explotar las debilidades europeas, fomentar la división interna y respaldar a las fuerzas ultraderechistas que abogan por la disolución del proyecto comunitario. No es casualidad que J. D. Vance haya declarado en Múnich que la mayor amenaza para Europa no son los tanques de Putin, sino la presunta censura a los ultraconservadores en el continente.

La realidad económica, sin embargo, aún no ha reflejado las tensiones políticas. Wall Street sigue operando con normalidad, los mercados financieros se mantienen estables y las grandes corporaciones continúan generando beneficios. Pero este equilibrio precario puede romperse en cualquier momento. La creciente incertidumbre geopolítica, el debilitamiento de las alianzas tradicionales y la agresividad de las nuevas potencias imperialistas son factores que, más temprano que tarde, tendrán un impacto en la economía.

La dinámica actual recuerda peligrosamente a los períodos previos a grandes crisis históricas. En los años veinte del siglo pasado, los mercados financieros prosperaban en un clima de euforia, mientras las tensiones políticas se acumulaban en las sombras. La Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial fueron el desenlace inevitable de una década de despreocupación y falsa estabilidad.

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