Ponle un nombre bonito

Publicado: 16 feb 2025 - 01:00
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Ponerle nombre eso sí que nos cuesta muchísimo. ¿Qué nombre le pongo? Se preguntan cariacontecidos.

El nombre no es cualquier cosa. Desde la antigüedad el nombre es la llave que nos permite entrar, penetrar en la personalidad del nominado individuo. El nombre nos resume. Que el nombre que tenemos nos determina, es lo que dicen los científicos. Es lo que se llama Determinismo Nominativo. Por eso hay que andar con cuidado cuando los padres les plantamos un nombre a nuestros hijos.

La verdad es que desde siempre y en las pequeñas poblaciones, las gentes de bien, que son todas, apenas si llamaban por el nombre de pila a los recién nacidos. La pila bautismal era el inicio oficial de cada individuo, pero los de la aldea, que felicitaban a los nuevos padres, al mismo tiempo permanecían escondidos detrás de una sarcástica sonrisa y esperando que terminase el preste, para plantarle ellos un sufijo. Un apodo que sería la gracia definitiva de la chica o chico. Siempre escogiendo el más sardónico, burlesco y ridículo.

Cada cultura tiene su forma de nombrar. Del otro lado del charco suelen triunfar los nombres de las telenovelas, las pelis de acción, los jugadores de fútbol, las cantantes famosas o los narcos más perseguidos.

Hoy las mamás, los papás y los abuelos modernos no les ponen los nombres de Teodomiro o Telesforo, sino Phillips, Estwing, Travis, Amber, Kimberly y otros propios de una tostadora o del frigorífico… y así los predisponen y determinan a ser de la electrónica o de la IA unos científicos

Así los Apaches y los Navajos no quieren hacer el indio, según tengo entendido. Supongamos “Toro sentado”, sería alguien fuerte, pero vaguísimo… Si fuese una joven con hermosos ojos no la llamarían sino “Lechuza de las marismas” u otros más atrevidos.

A nosotros, oriundos de un tiempo donde el martirologio mandaba, nos pusieron nombres de santas y santos y claro, nos llevaron a estudiar aquel oficio que le era más propio. Por ejemplo…recordemos nombres… Bernardino, Belisario, Teodoro, Plácido, Federico… está claro que estaban ya determinados a ser con ese pedazo de patronímico… o curas o profesores de Instituto.

Hoy las mamás, los papás y los abuelos modernos no les ponen los nombres de Teodomiro o Telesforo, sino Phillips, Estwing, Travis, Amber, Kimberly y otros propios de una tostadora o del frigorífico… y así los predisponen y determinan a ser de la electrónica o de la IA unos científicos. Nombres hermosísimos, suponiendo, de manera errónea, que un día les perdonarán semejante bellaquería, sus queridos hijos.

Suelen ser más cuidadosos con los nombres de las mascotas u otros bichos y con gusto les llamarán, por ejemplo, “Gustavo”. Bonito nombre para la rana que nos mira ojiplática y sorprendida desde cualquier charquito. Si es un bulldog, con cara de pocos amigos, le llamaran como a su jefa o jefe, para fastidiarlo un poquito.

Es fácil pensar a Dios nombrando, de manera perfecta, cada cosa que va creando. Él sí que sabe. Así al sol, le llamó “sol” porque es como debe llamarse porque es redondo y nos despierta entrando por las rendijas de la ventana su perfecto amarillo. Y llamó “luna”, qué nombre más guapo, a ese astro que permite que la luz sea azulada y que sueñe contigo. Y llamó asno al asno, no porque sea un tonto de capirote, sino a sabiendas de que nos provoca toda la terneza ese pobre borrico.

¿Sabe lo que le digo? Si ha de recuperar un nombre clásico, le recomiendo que le llame a su hijo Blas. Y… punto redondo.

Pues ya se lo he dicho.

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