Lalo Pavón
O AFIADOR
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HISTORIAS INCREÍBLES
El mundo avanza que es una barbaridad. Me han dicho a mí, que en una pizca de tiempo el salto va a ser extraordinario. Si le parece bien voy a contarle lo que se presiente que va a suponer un verdadero giro copernicano.
Sólo tiene que mirar alrededor y observar. Se habrá dado cuenta de que ahora mismo uno puede hablar por teléfono con ese reloj digital de pulsera. Que allí puede uno recibir y enviar opiniones al segundo. Que puede hacer un pago acercándolo a la terminal. Que puede producir o reproducir la música que le gusta, que puede mostrar las fotos de ese día que hizo un viaje a Egipto o a Copacabana…
Ahora ha entendido por dónde van los tiros. Exactamente: Todos llevaremos un chip bajo la piel con el que podremos hacer todo, o casi todo, o prácticamente todo. Claro, a lo mejor usted no me cree y supone que me lo estoy inventando. Nada de eso, oiga.
Existe aún una cierta desconfianza hacia las nuevas tecnologías del S. XXI. Claro… me dirán que no convence, que tiene su busilis, porque puede ocurrir, como sucede ahora, cuando vas a hacer un pago con tarjeta. Usted lo intenta, pero no funciona.
Suponga ya lo que yo me atrevo a profetizarle, que todos llevaremos un microchip. Ya sé que le parecerá un poco inhumano. Pero no lo es. Usted que quiere tanto, a su perro o a su gato, acepta como un avance sin mesura el hecho de que portan ya un pequeño dispositivo RFID, que no es sino un microchip que nos da, de inmediato, la información de su nombre, de sus vacunas, de dónde se encuentra… en fin… lo que denominan algunos como… una pasada.
Existe aún una cierta desconfianza hacia las nuevas tecnologías del S. XXI. Claro… me dirán que no convence, que tiene su busilis, porque puede ocurrir, como sucede ahora, cuando vas a hacer un pago con tarjeta. Usted lo intenta, pero no funciona. Su mejor amigo que es tan listo, le habrá dicho: eso es que está desconfigurada. Entonces, no mañana sino ahora mismo, en el Banco se la pasan por un chisme y se la configuran de nuevo.
Imaginemos una ciencia que usted prefiera. Empecemos por una ciencia médica como la Psiquiatría. Supongamos que un individuo padece un problema psicológico que se discute si es una neurosis fóbica, una neurosis obsesivo compulsiva, una neurosis de conversión… Pues el médico le pasará un chisme (que por cierto aún lo están inventando y ya casi lo tienen) y nos configurará de nuevo al paciente. Saldrá de la clínica tan campante. Que el señor o la señora de la que hablamos tiene trastorno del sueño, no importa. Que padece una bulimorexia, un trastorno bipolar… Pues ya no hará falta, me supongo, la hipnosis, la sofrología, ni la Psicocirugía, sólo hará falta que los configuren de nuevo. Un chip configurado nos hará habitantes de un mundo nuevo.
Bueno… los que lo van a tener fácil, vamos…chupado, son las fuerzas de seguridad. Los malos recibirán en su microchip un aviso que dirá más o menos: “He visto lo que has hecho y sé quién eres”, así que pásate por estas dependencias policiales a la mayor brevedad posible. Ya ve usted. Qué suerte.
Hay que estar abiertos a la ciencia. Aunque claro… mi gato que se queda, de vez en cuando, mirando hacia la pared meditando, me supongo que está discurriendo. Es seguro que piensa: éstos que se creían racionales y libres, al fin y a la postre, cuando les implanten esa pastilla de silicio, ese circuito integrado, terminarán siendo como nosotros: otro gato.
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