Rosendo Luis Fernández
¡Por fin...!
Habemus elecciones. Después de soportar, durante períodos intermitentes de tiempo en los últimos años, la incertidumbre de si Sánchez Pérez-Castejón deshojaba la margarita, llegó el momento en el que podemos -creo que es sentir mayoritario, de los unos y de los otros- exclamar ¡por fin! Cierto escepticismo hubo, ya que no lo hizo ni tras aquel retiro voluntario, cuando su esposa empezó a ser investigada. Ahora, tras batir récords negativos que, desde la Transición, nadie había logrado: una legislatura sin presentar -no digo aprobar- unos presupuestos, sin debates del estado de la Nación y cumplir su sentencia de “haré política con o sin el poder legislativo”, o sea con sin el Parlamento, deshojó la margarita. No es para recrearse y sentirse orgulloso de una política democrática en un Estado de derecho e ir dándoselas. ¡Cómo para pedir su confianza!
La excusa, la llama incendiaria, el detonante para deshojar la margarita y poder exclamar ¡por fin! se llama Maricarmen. El/los decretos Maricarmen, al no ser validados, condujeron a Sánchez a tomarse un fin de semana, pensárselo y decidirse a convocar elecciones. Pero tratándose de quien se trata, de Sánchez, siempre cabe esperar algo, esperar que as se sacará de la manga -no de la manguera-, y lo que salió fue rescatar los decretos para que sean aprobados por la Diputación Permanente -donde tiene mayoría-, tras ser rechazados por el Congreso. Sánchez no da puntada sin hilo, es estado puro.
Si el Congreso hubiese validado los decretos hoy no estaríamos hablando de elecciones. Pero aquí apareció, ¡o hizo aparecer! esa política trilera, cual es buscar la imagen adecuada en el lugar oportuno para desencadenar el relato interesado. Cuando el Consejo General del Poder Judicial nos da a conocer las cifras por las que en el primer trimestre del año se desalojaron más de 4 mil personas, lo que significa 45 al día, y el año pasado más de 20 mil, hete aquí que Sánchez escoge a Maricarmen, que vive sola y es mayor (vulnerable), en el buen barrio del Retiro, en Madrid, que siendo en Madrid tiene más eco y de paso “contaminamos” a la presidenta Ayuso, y desencadenamos la tormenta perfecta para armar lío.
¡Qué casualidad y casualidades!, que sí existen. En ocho años de sanchismo se prometieron viviendas por cientos de miles, aunque no se pasó de las intenciones. Los “entendidos” argumentan que la vivienda es responsabilidad de CCAA y ayuntamientos. Y yo, pobre de mí, pregunto para qué, entonces un Ministerio, con ministra, secretarios, directores, asesores, de Vivienda. Porque para cubrir el cupo de ministerios no es, ya que Sánchez dispone de lo que ningún Gobierno tuvo en cuanto al número (22) e incontables asesores.
Lo cierto y paradójico a la vez es que, tras ocho años de inacción en vivienda y mudez sindical, hasta el punto de creer que los sindicalistas habían desaparecido de la faz de la tierra, aparecen súbitamente tras el intento de desalojo de Maricarmen, reivindicar salarios suficientes para acceder a vivienda digna, “interfieren en la convocatoria y anuncian huelga general de 24 horas para otoño” (La Región). ¿Dónde estuvieron hasta ahora CCOO y UGT?
¡Preparémonos por fin! para una campaña, hasta el 29N, llena de algaradas, mentiras insultos… Sánchez ya comenzó con 11 minutos de gloria mitinera. Sánchez, que no quería convocar elecciones hasta cuando correspondían -julio de 2027-, reflexionó un finde, se puso un atril por montera en Moncloa y en esos 11 minutos se dio un mitin que delata su relato de campaña: “Hay que elegir entre avanzar o la ola de la ultraderecha, lamentando la peor oposición de la historia, que no ha tenido ningún sentido de Estado”. Entenderá que tener sentido de Estado es dejarse invadir y dar gracias al país desde donde procede la invasión. ¡Preparémonos por fin! para lidiar el “que vienen las derechas para quitar derechos”. Los sindicatos ya están prestos y serán aliados para un otoño caliente. Maricarmen, la excusa perfecta. ¡Por fin! y ¡en fin!
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