Ángel Mario Carreño
REFLEXIONES DE UN NONAGENARIO
"¡Ti cala!"
En los últimos días, Ourense ha sido escenario de distintos episodios de violencia. Riñas tumulturarias entre jóvenes, agresiones con arma blanca con participación de menores o robos desde distintas modalidades forman parte de una normalidad que en Ourense no es alarmante pero que debe hacernos reflexionar si temenos una visión a medio plazo y nos preocupamos por el futuro de las generaciones venideras. Como se preguntaba recientemente una columna publicada en este mismo diario y escrita por mi amigo Luis Gulín: ¿quo vadis?, ¿hacia dónde vamos?
La respuesta no es sencilla, pero sí parece evidente que nos encontramos ante una combinación de factores que están empujando a parte de la juventud hacia una deriva peligrosa. Entre ellos, el papel de las redes sociales como amplificador de la violencia, la construcción de identidades ligadas a la reputación y la exposición pública, o el resurgir de modelos de comportamiento basados en la confrontación. Pero hay un elemento que, aunque a menudo se menciona de forma tangencial, resulta clave: el consumo de sustancias.
Tal y como recogía La Región en una entrevista reciente al psiquiatra y escritor Natanael Antonio, el consumo de cannabis se ha convertido para muchos jóvenes en un refugio. Un refugio frente a la ansiedad, la frustración o la falta de expectativas. Sin embargo, ese refugio puede acabar siendo una trampa. Porque lejos de ofrecer una salida, en muchos casos agrava los problemas de base y contribuye a la aparición de trastornos conductuales y alteraciones mentales.
No hablamos únicamente de consumo recreativo. Hablamos de una puerta de entrada a dinámicas que pueden derivar en pérdida de control, en dificultades para gestionar la realidad y, en última instancia, en comportamientos que cruzan la línea de lo legal. En este sentido, resulta imposible no establecer una conexión entre determinados episodios delictivos y contextos de consumo problemático.
La realidad es que una parte significativa de las personas que hoy se encuentran en prisión, muchas de ellas reincidentes, presentan problemas de salud mental vinculados directa o indirectamente al consumo de drogas. Y aquí es donde surge un debate que como sociedad debemos afrontar con valentía. ¿Tiene sentido abordar estos casos exclusivamente desde el ámbito policial, judicial y penal? ¿O deberíamos reforzar, incluso de manera más decidida, la intervención desde el sistema sanitario? En determinados supuestos, cuando la persona no se encuentra en condiciones de vivir en libertad sin riesgo, quizá sea necesario plantear medidas de internamiento en centros especializados que permitan una recuperación real y sostenida en el tiempo pero reducir el análisis a una cuestión de control es un error. Porque también existen ejemplos que apuntan en la dirección contraria: la de la oportunidad, la reinserción y la responsabilidad compartida.
El Centro Penitenciario de Pereiro de Aguiar lleva años desarrollando un trabajo silencioso pero fundamental en este sentido. Un esfuerzo que busca no solo custodiar, sino también acompañar procesos de cambio. Precisamente mañana, la Asociación de Entrenadores de Afiador llevará a cabo, en el Centro Penitenciario, una de sus actividades con la participación de Fran Justo, en una iniciativa que trasciende lo deportivo.
Este tipo de acciones nos recuerdan algo esencial: los internos no son ajenos a la sociedad. No son un elemento aislado tras unos muros. Son parte de Ourense, parte de nuestras calles, de nuestras historias. Y, por tanto, también forman parte de nuestra responsabilidad colectiva.
Si queremos una sociedad más segura, no basta con reaccionar ante los hechos. Es necesario anticiparse, comprender las causas y actuar sobre ellas. La educación, los servicios sociales, la familia y el sistema judicial deben trabajar de forma coordinada. Es incomprensible que las cerca de 50 personas que duermen en las calles de Ourense, día a día, no dispongan de un albergue de baja demanda.
La pregunta sigue en el aire: ¿hacia dónde vamos? Y, sobre todo, ¿qué estamos dispuestos a hacer para cambiar el rumbo?
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