Portaaviones en apuros

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 18 ago 2026 - 00:05
Opinión en La Región
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El Abraham Lincoln es un portaaviones de la Marina de los Estados Unidos. Una fortaleza flotante, movida con reactores nucleares, que lleva 5.000 militares a bordo para dar servicio a decenas de aviones de combate, helicópteros y drones guardados en sus cubiertas y bodegas. Después de 265 días de navegación casi ininterrumpida entre el Mediterráneo, el Caribe y, durante los últimos meses, el golfo Pérsico, al fin le han dado orden de volver a casa. El asunto no tendría nada de extraordinario si no se hubiera producido toda una cadena de sucesos que han convertido al Lincoln en el portaaviones de los líos. Problemas con los desagües, con la calidad del agua, con la dificultad de aprovisionamiento de alimentos frescos y, lo más grave y significativo, varios intentos de suicidio entre una tripulación, al parecer, desquiciada.

Desde al menos la guerra de Vietnam, sabemos de las enormes dificultades de las grandes potencias militares para salir airosas de los fregados en que cada cierto tiempo acostumbran a meterse. Les ocurrió a los todavía soviéticos en Afganistán, y por citar varios casos más, aún recientes, ni Rusia con la “operación especial” sobre Ucrania, lanzada en 2022, ha logrado sus objetivos mínimos, ni después de tres años de bombardeos inmisericordes han sido capaces los israelíes de acabar con la presencia de Hamás en Gaza. El empantanamiento de EEUU en su pulso con Irán es, por ahora, el último de estos casos de impotencia pese a los medios dispuestos.

Con la excepción de China, que aumenta sus arsenales militares, pero prefiere dar la batalla de la industrialización y el comercio observando sin perder detalle el desempeño militar y político ajeno, las tres grandes potencias militares, EEUU, Rusia e Israel, están demostrando la ineficiencia de su tremendo esfuerzo bélico. Sabido es el impacto que las largas campañas guerreras tienen sobre las economías propias –déficit público, inflación u orientación hacia la industria militar- obligando a trastocar las prioridades de una economía asentada en la paz. Todo este esfuerzo se sostiene, hoy y siempre, en grotescas campañas de desinformación, belicismo y sobreexcitación patriotera que acaba condicionando, para mal, la calidad de la relación entre aquellas sociedades y la élite política que las gobierna.

El portaaviones USS Abraham Lincoln, con su carga de muerte y fatiga a cuestas, navega ya rumbo a alguna base naval donde dar descanso físico y mental a sus 5.000 guerreros. Las crónicas dan cuenta de problemas relacionados con la tensión de la guerra, pero también logísticos que una empresa como Inditex, por hablar de lo cercano, resuelve a diario sin despeinarse. Ni las guerras ni los poderosos son ya lo que eran, por mucho que estos se empeñen en amenazar, sacar músculo y agitar banderas.

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