Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Los romanos llamaron así (Portus Cale) a un asentamiento en la desembocadura del Duero, donde hoy localizamos la ciudad de Porto. El Puerto de Cale, nombre de origen celta que se relaciona con la tribu de los Calaeci que moraban en ese lugar.De ahí proviene el nombre de nuestra nación hermana, la Portugal con quien Ourense comparte doscientos diecinueve kilómetros de frontera, la mayor de cualquier provincia española con otro país. Un dato más que añadir a la internacionalidad de nuestro territorio.
Epicentro, la eurorregión que conformamos con nuestros vecinos, de la ambiciosa lusofonía, ese mundo que nace de la expansión de la lengua portuguesa, hija de la gallega, que jugará un papel tan importante en este siglo XXI que respiramos. Castelao en “Sempre en Galiza” dedicó varios capítulos a Portugal. Expresó que cuando volvía a Galicia después de estar en Portugal se sentía más gallego. Muy conocida es su frase “a nosa língua floresce en Portugal”, aseveración que tiene un sentido muy profundo. En el mundo de la geopolítica ocupa un lugar estratégico la posibilidad de aglutinar en torno a elementos identitarios y factores lingüísticos. Ninguna ligazón más fuerte que aquella con base cultural. Porque construye relato y consiente una interpretación que no puede soslayar la visión económica o de negocio. La lengua como negocio. El idioma como oportunidad. La lusofonía como instrumento de progreso. La diplomacia como puerta abierta para alcanzar objetivos que superan fronteras. Un caldo de cultivo perfecto para ahondar en la cooperación, incluida por supuesto la público-privada. No nos bajemos de esta expedición ya en marcha. Sigámonos adaptando partiendo de lo común, ésa debe ser nuestra mejor cualidad. Tenemos faros claros. Recordemos, por ejemplo, a Luis de Camoes, escritor, dramaturgo, poeta y soldado portugués (de origen gallego, con antepasados en Camos, Nigrán)…”Mudan los tiempos y las voluntades; se muda el ser, se muda la confianza; el mundo se compone de mudanza tomando siempre nuevas calidades”.
Y, hablando de calidades, la democrática ocupa un lugar fundamental. Y la gestión local es el espejo de la mejor administración.
Tanto el Alcalde de Porto, Rui Moreira, como el de Braga, Ricardo Río, recibieron un galardón que va más allá de lo testimonial o institucional y enfoca directamente la obligación de fijarnos nuevos retos para seguir avanzando juntos. Ese Portugal donde no existe administración alguna entre la local y el gobierno estatal. Esa República donde sus habitantes, el día de las elecciones “autárquicas” (nuestras municipales, convocadas las próximas para el doce de octubre) se acuestan sabiendo quién será su alcalde o alcaldesa en ese mandato donde la moción de censura no se contempla. Esa seguridad y estabilidad que ha contribuido al desarrollo económico y social innegable de las últimas décadas.
Trato personalmente a Ricardo Río, he compartido con él muchas experiencias de gestión en el Eixo Atlántico en varios ámbitos. Presentamos de su mano en Braga la exposición más importante realizada sobre el Reino Suevo (In tempore Sueborum), acreditada prueba de la rica historia que compartimos. Sé de su visión que hizo que figurara entre los alcaldes más reconocidos del planeta. Un creyente de la eurorregión (“no es una imagen del pasado, es un foro de futuro para todos nosotros” aseveró en su discurso tras la imposición de la Medalla de Oro de Galicia). Ejerce en ese manantial de oportunidades que es la relación Galicia-Portugal con ejemplos como ese laboratorio internacional de nanotecnología. Habla de innovación, de futuro. Cumple, como Rui Moreira, el mandato máximo consecutivo de doce años como regidor pero seguro tendrán un positivo protagonismo político en el mañana de nuestros pueblos.
Un mañana cimentado en ese pasado que compartimos, y pienso en Xoán de Nóvoa, el gran navegante y explorador al servicio de la Corona de Portugal, descubridor de la Isla de Santa Elena, nacido en nuestra Maceda en 1460 y Alcalde de Lisboa en 1496. Escribió Don Ramón Otero Pedrayo que “Galicia es una prolongación de Portugal, o Portugal una prolongación de Galicia. Lo mismo da”, bebiendo de esa hermandad que cuenta con símbolos culturales tan potentes como “nuestra” Rosalía de Castro. Si los gallegos no amamos a Portugal no podemos amar a Galicia, parafraseando a Antón Vilar Ponte. Por eso el pasado día 24 de julio en la Ciudad de la Cultura había más que ceremonia y protocolo. Había alma con futuro y desafíos comunes. Parabéns Alcaldes! Obrigado Portus Cale.
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