José María Eguileta Franco
DIARIOS DO PASADO
“Señor das moscas”, de William Golding
Decía el dramaturgo alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) que “el comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen”. El espejo del presidente de la Federación Española de fútbol, Luis Rubiales, está hecho trizas desde que accedió a su cargo. Sus modales de matón poligonero, su capacidad para meterse y meter a la institución en todos los líos posibles y su talento para regar con gasolina los conflictos sólo son comparables a las virtudes de su inseparable compañero de tropelías en la Liga Profesional, Javier Tebas (quien seguro estará gozando con esta situación).
Rubiales empañó y acaparó la atención que debería corresponder a la selección femenina campeona del mundo por su comportamiento bochornoso durante la final. El beso en la boca a una jugadora en la ceremonia de premios fue lo más polémico y visible, sí, pero hubo más. Su actitud de hooligan en el palco –al lado de la Reina Letizia y la Infanta Sofía-, en el vestuario y sobre el césped no desentonarían en una taberna de Marsella o una fiesta okupa en la Barceloneta. Manolo ‘el del bombo’ mantendría más decoro y elegancia que este individuo, a nuestro pesar el máximo representante del fútbol español en el mundo.
Decía el escritor y soldado francés Georges Bernanos (1888-1948) “Llega una hora en la noche en la que los juiciosos hacen el tonto y los tontos no dejan de hacerlo”. Luis Rubiales no tiene la talla ni el temple para representar a nuestro país en la victoria o en la derrota. El espejo no miente. Otra cosa es echarlo de su cargo. Rubiales ama el puesto y se aferrará a él con uñas y dientes. La Federación es una asociación privada de utilidad pública y apenas recibe un 1% de su presupuesto de los fondos del estado. No está obligada a rendir cuentas ni ser transparente y, aparentemente, todas las delegaciones territoriales están contentas con su gestión, pues ha triplicado el presupuesto desde su llegada. El tiempo, ese juez insobornable, desvelará las cuentas reales en un futuro quizá lejano. La única posibilidad –explotada al máximo durante estos días- es la mezcla del repudio social combinada con una denuncia que lo inhabilite –temporal o casi definitivamente- para el cargo. Veremos si es posible. Rubiales es, como Pedro Sánchez, todo un superviviente.
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