Prevenir la demencia

Publicado: 26 ago 2024 - 06:36

Cuando las sociedades se hacen más longevas, sus probabilidades de enfrentarse a ciertas enfermedades neurodegenerativas también aumentan. En este caso particular, visto lo visto, continúa siendo mucho más rentable prevenir que curar.

La prestigiosa revista Lancet acaba de publicar una actualización sobre los factores de riesgo más importantes en el desarrollo de la demencia, incluyendo dos novedades: la pérdida de visión y el exceso de LDL-colesterol (coloquialmente conocido como el colesterol malo). En nuestra modesta opinión, lo más llamativo de esta información científica radica en que la incidencia de estos factores de riesgo varían según las diferentes etapas de la vida, y como consecuencia de este hecho, las medidas de prevención más efectivas deberían adecuarse a ello. Por ejemplo, durante la juventud, un nivel educativo deficiente puede suponer el incremento de un 5% en el riesgo de padecer una futura demencia.

Nuevamente comprobamos la importancia de actuar sobre condiciones no sanitarias para mejorar nuestra calidad de vida. Sostiene Aloysius que invertir en educación previene enfermedades, y no solamente la demencia. Si continuamos avanzando, en la edad media de la vida el abanico de factores de riesgo va diversificándose, así como su influencia en el riesgo de esta enfermedad: desde el 7% para la pérdida de audición y el LDL-colesterol elevado, pasando por el 3% de la depresión y los traumatismos cerebrales, el 2% del sedentarismo, la diabetes, la hipertensión arterial y el tabaquismo, hasta el 1% de la obesidad y el consumo de bebidas alcohólicas.

Echando cuentas, la suma de LDL-colesterol elevado, diabetes, tabaquismo, obesidad y consumo de alcohol incrementarían un 15% el riesgo de padecer una demencia. Si a estos le añadimos una educación infantil y juvenil deficiente, alcanzamos el 20%. Por último, en las edades más avanzadas de la vida, las circunstancias negativas más influyentes son el aislamiento social, con un 5%, la contaminación ambiental, con un 3%, y el déficit visual, con un 2%. Según los datos actuales, a lo largo de nuestra existencia el montante de todos estos porcentajes representa un nada desdeñable 45%, lo que se traduce en una reducción de casi el 50% del riesgo de demencia, si somos capaces de actuar sobre una serie de elementos y hábitos potencialmente modificables. Desde aquí queremos insistir una vez más en la importancia de combatir la soledad de nuestras personas mayores, auténtica plaga de nuestra sociedad moderna. Porque su prevención salva vidas. Y como la mayoría de nosotros queremos alcanzar una edad avanzada en las mejores condiciones de vida, pues vayamos tomando nota.

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