Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Aquí no dimite nadie
Como ocurre con los árbitros de fútbol, uno de los baremos que mejor refleja la calidad y competencia de los políticos es su normalidad. Cuando menos se hable de un ministro, un presidente o un diputado, mejor, y suele cumplirse la máxima de que un gobierno que pasa desapercibido es un gobierno que ha cumplido con su obligación. No son esos los principios que ha aplicado el presidente Sánchez, que ha apostado por estar permanentemente en el tiro de la cámara y se ha erigido en protagonista máximo e indiscutido en las labores de gobernabilidad, elección que tiene su lado bueno cuando se disfruta de popularidad y se ejercita el poder sin que nadie ponga freno, pero que se torna invivible cuando las cosas comienzan a marchar mal y hay que aguantar el tirón más solo que la una.
Cuando menos se hable de un ministro, un presidente o un diputado, mejor, y suele cumplirse la máxima de que un gobierno que pasa desapercibido es un gobierno que ha cumplido con su obligación
En este último tramo de esta horripilante legislatura en la que se ha sintetizado todo lo que no se debe hacer en un periodo parlamentario, muchos de sus protagonistas han extraviado la partitura, en una gran parte de los casos porque se han dejado abducir por la popularidad y el conocimiento público, los flashes, las fotos, la guapura, el glamur y todo lo que viene detrás que es viajar, salir en los papeles, que se te cuadre al paso la Guardia Civil, el coche oficial y la magia de las dietas por no dar golpe. Entre los muchos pobladores de esta cada vez más lamentable e inculta fauna, se destaca últimamente la diputada Miriam Nogueras que ya sabe lo que es el gustillo de la fama porque acaba de cogérselo.
Se ha convencido de que ya es una figura mediática de cierto tronío, se encuentra irresistible cuando se observa a sí misma en las pantallas de la televisión, ha mejorado la sonrisa, ha adoptado un perfil agresivo y sugestivo trabajando con tesón su imagen, y se ha colado en el top 10 hasta el punto de que estos últimos días que ha saltado al primer plano del escenario político para contar a los cuatro vientos que su grupo -que sostenía a Sánchez- ha roto con él, lo ha contado incluso en castellano y no le han salido aftas en la boca. Comparada con el zampabollos de su jefe Puigdemont, Nogueras es una estrella de cine. Ella lo ha percibido. Sospecho que también Sánchez, al que esta resplandeciente intrusión gracia tampoco ha debido hacerle.
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