Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Nicolás
RECORTES
Once años se ha tardado en sentar a la familia Pujol. Once años de retraso que han conseguido introducir en el grueso de los procesados serias bajas para su presencia en la causa que se inicia en la Audiencia Nacional. En este país judicializado al máximo en el que su Gobierno se permite licencias como considerar injusta la sentencia elaborada por un tribunal antes de conocerla en su totalidad, y dudar públicamente de la honestidad de los magistrados que la administran por el solo hecho de proceder contra uno de los suyos –como con inusitada contumacia se expresa el presidente- un procedimiento judicial que ha permanecido once años en letargo se enfrenta a su desarrollo con sus dos principales actores ausentes. Jordi Pujol comparecerá en una sesión previa desde su casa para que el tribunal sopese si está en condiciones de hacer frente al juicio porque está físicamente mermado y tiene 95 años, y su esposa, Marta Ferrusola de la que la opinión pública no influenciada consideraba la verdadera jefa el clan –comparada humorísticamente con la caricatura de los hermanos Dalton que aparecía en los comics de Luky Luke en los que la madre de familia era el auténtico cerebro de la banda- no podrá estar presente porque ha fallecido.
El proceso contra Jordi Pujol, Marta Ferrosola en ausencia y los siete hijos habidos en el matrimonio todos los cuales están incluidos en la lista de acusados, ha permanecido paralizado incomprensiblemente. Y mucho más, teniendo en cuenta que se inició en 2014 cuando el propio ex presidente de la Generalitat cursó una nota reconociendo que había ido ocultando periódicamente una verdadera fortuna en depósitos localizados en Andorra que el escrito atribuía a una cuantiosa herencia en usufructo a repartir posteriormente entre sus vástagos. Pujol, ante la presión de los medios no catalanes reconoció finalmente que el dinero no había sido convenientemente regularizado.
Fue aquella una confesión a medias que acabó por adquirir cuerpo. Lo verdaderamente increíble es que la situación no haya tenido consecuencia penal hasta 2025 cuando el clan ya está hecho unos zorros. “España nos roba era la cantinela” nacionalista cuando quien robaba en verdad era la familia Pujol.
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