Jenaro Castro
TRAZADO HORIZONTAL
La “prioridad nacional” masiva
LAS CLAVES
Los vídeos que publica The Objective sobre la reunión del Comité Federal del 2016 que provocó la salida fulminante de Pedro Sánchez han conmocionado a la familia socialista. La sanchista y la no sanchista. Comprobar con imágenes y sonido que Pedro Sánchez es un tramposo ha puesto al partido en estado de “shock”.
Dicho esto, no hay un solo socialista que crea que esos vídeos delatores, no conocidos hasta ahora, vayan a provocar la caída de Pedro Sánchez. Ha demostrado sobradamente que cuando se marca un objetivo utiliza absolutamente todos los medios posibles para alcanzarlo. Lo primero que hizo tras ser reelegido secretario general fue cambiar los estatutos: no puede ser destituido por la Ejecutiva ni por el Comité Federal, como ocurría. Lo sufrió en carne propia y se ha blindado para ser el único que pueda decidir sobre su futuro.
Y las urnas, por supuesto, pero tras conocer esos vídeos delatores, empiezan a cobrar fuerza los rumores de que Sánchez y su corte podrían utilizar alguna estratagema para mantenerse en el poder. Legal, o que pueden convertir en legal, para no aceptar un resultado adverso. Hoy, ya nadie se atreve a poner la cara para defender a Sánchez y su respeto a la ley, porque se la podrían romper.
Las palabras sorpresa, estupor, incredulidad, se han escuchado desde el jueves. Y más que se pronunciarán en los días próximas.
La periodista Ketty Garat es hoy la profesional con mayor credibilidad en el periodismo de investigación. Lo inició hace casi cuatro años cuando publicó las primeras informaciones sobre José Luis Ábalos y su comportamiento inaceptable, tanto en lo personal como en lo económico, y se inició una campaña contra ella que se prolongó durante dos años, hasta que pudo contar con evidencias irrefutables que no mentía, que ella no era fango ni divulgadora de bulos y mentiras.
Fueron tiempos duros para ella, que no se arrugó a pesar de los ataques que no llegaron solo del sanchismo, sino también de gran parte de sus compañeros. Siguió incansable sus investigaciones, que obligaron a otros medios de comunicación a dedicar a otros periodistas a trabajar en exclusividad en las investigaciones sobre corrupción de personalidades del Gobierno y del partido. De esa manera se conocieron, con Ketty a la cabeza de los casos más escandalosas.
Se conocieron las juergas en paradores, pagos en fajos de billetes a una funcionaria de Ferraz, el piso de Jessica pagado por un comisionista y un trabajo nunca ocupado en una empresa pública pero sí cobrado; vacaciones pagadas por constructores que recibían trato de favor en las adjudicaciones de obra pública salvando la mesa de contratación pero participando en las ampliaciones de las obras oficialmente adjudicadas; se conocieron las mañas de Begoña Díaz para conseguir una cátedra en la Complutense sin cumplir las condiciones, y sus presiones para que sus patrocinadores vieran desencallar alguna solicitud.
Comisiones, dinero guardado en cajones de despachos oficiales, personajes sin oficio ni beneficio que se movían libremente por pasillos y despachos del ministerio de Transportes, conexiones con Venezuela que necesitan ser explicadas… Todo eso, de sobra conocido gracias a periodistas vilipendiados, hoy saltan a primer plano con esas imágenes de un Pedro Sánchez aguantando gritos y lágrimas de sus compañeros de la dirección del PSOE, ante las que mostraba indiferencia y se sumaba a los que pedían que se trajera una urna para votar. Escena bochornosa que recogía un comportamiento ilegal.
El “shock”, la conmoción, llegó cuando los socialistas llevaban tiempo cuestionando las decisiones y actitud de Pedro Sánchez. Si desde el primer día de sus alianzas con los partidos independentistas y con Bildu hubo reticencias sonadas, que se fueron acrecentando al conocer los acuerdos a los que llegaba para mantener el indispensable apoyo, la aparición de la corrupción, y que esa corrupción alcanzara a algunas de las personas más cercanas del presidente tanto en el plano político como el personal, afectaron seriamente a la imagen de Pedro Sánchez, como se demostró electoralmente.
Pero todo ello se ha agravado, desde el punto exclusivamente partidista, cuando se empeñó en mantener siempre su criterio, incluso en contra de las direcciones regionales de su partido.
El resultado de ese empeño se ha visto en Extremadura y en Aragón; el PSOE salió mejor parado en Castilla y León con un candidato que no era especialmente sanchista.
Los pronósticos para Andalucía son malos. María Jesús Montero, no es ningún secreto que no deseaba la candidatura, se encuentra en una situación límite, los sondeos indican que no alcanzará el suelo que marcó el candidato anterior, Juan Espadas.
El sanchismo pone toda su confianza en el “No a la guerra” y en esta ocasión ha demostrado además una lealtad a las siglas que se antepone a cualquier otro sentimiento o desafección, y Susana Díaz, que ha sido la más conocida rival de Sánchez, está prestando su apoyo a la vicesecretaria general de su partido para que logre el mejor resultado posible y no le ocurra lo mismo que a su compañera de Gobierno Pilar Alegría.
A esta situación difícil a la que Pedro Sánchez hace frente dándose por no enterado de la situación, se suman nuevas noticias que ocupan lugar principal en los medios y que inquietan al partido. La última, que se produjo el jueves en Estados Unidos, es que el Pentágono se plantea pedir a la OTAN la expulsión de España por vetar el espacio aéreo español a aviones de Estados Unidos y la utilización de las bases de Morón y Rota.
Un veto que no se cumple estrictamente, pero que va contra el compromiso al que está obligado cada país miembro: participar en la defensa de cualquier otro miembro atacado. No se cree que el Pentágono vaya a proponer oficialmente la expulsión, pero Trump es mal enemigo y su temperamento venal se antepone a la serenidad que debe tener un estadista en situaciones límite. Y su animadversión a Sánchez es conocida. El PSOE, sanchista y no sanchista, tiene motivos sobrados de preocupación. Las elecciones andaluzas tienen al partido en vilo. Y casi todo lo demás.
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