Jorge Vázquez
SENDA 0011
El trabajador aumentado por IA
En la actual coyuntura social, como no podía ser menos el gran Raphael viene en nuestra ayuda. ¿Raro? No, no es raro. Muchos para entender la realidad confían en analistas, filósofos, historiadores, economistas, etc. Yo confío en los cantantes. Raphael ya lo hizo otras veces, lo de explicarnos la realidad. Por ejemplo con "El tamborilero" todas las navidades: "Los pastorcillos quieren ver a su rey / le traen regalos en su humilde zurrón" (vean la sutil reflexión sobre diferencia de clases que hubiera firmado Marx y me refiero a Carlos, no a Groucho). Y tomen nota aquella pandilla de indocumentados que en los sesenta y setenta tachaban a Raphael de franquista.
Por si quedaba alguna duda de que el de Linares era un revolucionario desde niño, aquí va otra frase suya famosa: "De mis secretos deseos / de mi manera de ser / de mis ansias y mis sueños / ¿qué sabe nadie?"
Así que ya ven, las canciones que cantamos o tarareamos todos son más lúcidas que cualquier sesudo análisis firmado por algún experto avalado por premios internacionales. Como decía Chesterton: "Guárdense ustedes todos sus poemas y a mi déjenme llorar lágrimas de emoción ante un programa de horarios de ferrocarril" o algo parecido. Pues yo también prefiero las canciones a los discursos de los Nobel.
Lo mejor de las tarjetas black, lo hemos sabido hace un par de semanas, no es lo que se embolsaban sus usuarios de día sino lo que se gastaban de noche. "La noche me confunde" decía Dinio, muy agudamente. Pero Dinio no descubría nada nuevo, a todos nos confunde la noche salvo que seamos lechuzas o buhos. Los "blackers" sacaban pasta por los cajeros cada noche a punta pala, amparados en el anonimato de la oscuridad. Es lo bueno que tiene la oscuridad, que no te ven. Lo malo es que tampoco ves tú. Uno de los "blackers" más destacados de esta historia fue uno de Iquierda Unida que cómodamente sacó de golpe la friolera de cien mil euros por el cajero una noche. ¡Menuda juerga se debió correr el tío! Esa sí que fue su gran noche y no la de Raphael. Yo daría hasta diez euros por verla en video. Lo juro por Snoopy.
Según parece. hacer públicos los gastos de esos buenos chicos que celebraban sus despedidas de soltero todos los días tan alegremente, podría anular la causa judicial contra ellos. Por violación de la intimidad. Lo malo es que su intimidad era la nuestra, porque la pasta... era la nuestra.
Volvamos a Raphael, es más tranquilizador. De nuevo otra canción suya nos lo explica todo: "Escándalo / es un escándalo. / Este río desbordado / no se puede controlar. / Si lo nuestro es un pecado / no dejaré de pecar".
Normal. Yo, si en lugar de la discutible promesa del Paraíso tuviera una tarjeta black en el bolsillo, tampoco lo haría. Lo de dejar de pecar, quiero decir.
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