Puigdemont, el soñador

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Publicado: 08 oct 2026 - 04:50
Opinión de Fernando Lusson.
Opinión de Fernando Lusson. | La Región

Nueve años después de la declaración de independencia interruptus, su autor, el expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, puede volver a España, aplicación de la ley de amnistía mediante, y lo hace con el convencimiento de que nada ha cambiado en Cataluña, que el conflicto político con el Estado sigue vigente y mantiene la intención de volverlo a hacer, de promocionar un nuevo “procés” independentista.

Con una visión personalista del resultado de la aplicación de la ley de amnistía, Puigdemont está convencido de que ha doblado el brazo al Estado, cuando la realidad es que si ha quedado exonerado ha sido por un pacto entre su partido y el PSOE que permitió el pacto de investidura que para Junts, pese a haber condicionado toda la política nacional y haber dejado empantanado al Gobierno de Pedro Sánchez en las decisiones de carácter social y laboral más importantes por su dependencia del empresariado catalán, ha supuesto que en Cataluña ha entrado en un declive político, sobrepasado por la derecha por la ultraderecha de Aliança Catalana, mientras que su tradicional adversario en el mundo independentista, ERC, mantiene sus expectativas.

En lo que lleva razón Puigdemont es en que la sentencia del Tribunal Constitucional ha derrotado “la estrategia de los diversos poderes públicos españoles que han impedido y demorado” la aplicación de la amnistía, con señalamiento directo a los jueces imaginativos que han demorado la aplicación de la amnistía y actuado como ariete de posiciones políticas cuyos presupuestos han sido desechados antes que por el tribunal de garantías español por la Justicia europea, que consideró que se trataba de una ley que no vulneraba ni la separación de poderes ni la independencia judicial, y que contribuía a la reconciliación.

Cuando Puigdemont decida volver investido del aura de expresident, que está más allá de la política pequeña que desarrolla su partido, se va a encontrar con una Cataluña muy distinta a la que abandonó en el maletero de un coche, debido precisamente a la ley de amnistía. Por mucho que crea que se mantiene viva la llama del independentismo que lleno Cataluña de lazos amarillos, lo cierto es que poco después perdió la mayoría en votos y escaños, un socialista que favorece que la normalización de la convivencia avance se encuentra al frente de la Generalitat, que las Diadas no son lo que eran y que el soberanismo ha tomado un rumbo extraño, dirigido desde Ripoll, que no cuenta con el poso de los partidos tradicionales ni la fortaleza para poner en marcha una maquinaria de la envergadura de la que necesita un “procés” para alcanzar una cierta virtualidad.

Puigdemont defiende la existencia de una corriente subterránea independentista de carácter mayoritario que pone en cuestión que se pretenda difundir la imagen de que Cataluña vive “en normalidad, reencuentro y concordia”. Puigdemont, el ensoñador, quiere volver como un símbolo que está por encima de los partidos políticos para defender “el carácter irrenunciable del derecho a la autodeterminación y las acciones unilaterales de carácter democrático y pacífico” para lograrlo, si no hay acuerdo político. Si no lo hay, el Estado no está inerme para volver a frenarlo. Pese al expresidente de la Generalitat, Cataluña está pacificada, y es de esperar que el próximo Gobierno de la nación maneje esta herencia con mano izquierda.

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