Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Aquí no dimite nadie
No se lo creerá usted, pero según de qué lado me dé la luz soy un hombre muy guapo”.
La frase se la dice Peter O’Toole a Peter Sellers en la delirante película “¿Qué tal, Pussycat?”, de los años sesenta.
Para los que no la hayan visto aclararé que la frase se la dice Peter O’Toole en el diván, es un paciente, a su psiquiatra Peter Sellers, un tipo desquiciado que toma notas diligentemente a su lado en una silla, con un bloc de notas y una pluma en la mano.
La película es un disparate maravilloso y divertidísimo de principio a fin. El guión es de un joven Woody Allen que a partir de ahí empezaría a dirigir y producir sus propias películas. El mismo Woody participa como actor en dicho film, haciendo un personaje más o menos secundario.
Esa frase: “No se lo creerá usted, pero según de qué lado me dé la luz soy un hombre muy guapo”, siempre me ha encantado. Más porque la dice con una ingenuidad rayana en el delirio ese personaje de Peter O’Toole, un actor que precisamente era guapo hasta quitar el hipo.
Peter O’Toole es para todos nosotros, simples humanos de a pie que caminamos, respiramos y de vez en cuando vamos al cine, el grandioso Lawrence de Arabia en aquella película majestuosa de David Lean que se rodó en España.
En todo caso Peter O’Toole fue un monstruo
O bien el Enrique II en la también increíble “El león en invierno” de Anthony Harvey de 1968. “El león en invierno” es una de mis películas favoritas de la historia del cine.
Siempre bromeo con la idea de que esa película no se puede ver en versión original subtitulada (y yo la he visto varias veces así) salvo que seas un hablante nativo inglés. Porque si intentas hacerlo no ves la película ya que no te da tiempo de leer los subtítulos y te pierdes toda la imagen. Tiene un guion gigante, rico, desbocado y fabuloso que se atropella a sí mismo. Demasiado que leer.
Como buen irlandés como Oscar Wilde o Samuel Beckett, Peter O’Toole fue irrepetible.
Además en esa película “El león en invierno” no solo Peter O’Toole, sino también la inigualable y maravillosa Katharine Hepburn, un joven y sorprendente Anthony Hopkins, Timothy Hutton, etc., construyen una maravilla feroz y salvaje que parece salida de la locura de un teatro de Londres destartalado que se hubiera podido imaginar algún chiflado dramaturgo de Avon, quizás resucitado de entre no sé qué ruinas acuáticas.
En todo caso Peter O’Toole fue un monstruo. Un monstruo bellísimo sí, de ojos casi transparentes que parecían venidos del cielo. Pero fue un monstruo con todas las de la ley.
Yo siempre soñé con poder decir esa frase algún día: “No se lo creerá usted, pero según de qué lado me dé la luz soy un hombre muy guapo”.
Pero ¡ah!, nunca he sido tan guapo me diera por dónde me diera la luz.
¡Vaya, qué mala suerte!
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