Chito Rivas
RECUNCHO HEBDOMADARIO
Bugallal, máis alá dos Bugallos
UN CAFÉ SOLO
En el margen derecho de la página de un libro elegido al azar en la biblioteca leí: “yo también quiero bien”. Era una letra pequeña, apretada. La frase parecía haber sido escrita con calma, pero de manera decidida. No recuerdo el autor ni el título del pequeño volumen que se veía gastado por el tiempo. Pero me quedé atrapada en aquellas palabras copiadas con lápiz que alguien había decidido dejar allí. Señalaban un párrafo en el que el escritor describía el amor sin ningún tipo de acotación. El amor como idea general, como sentimiento universal. Volví sobre las letras escritas cuidadosamente en la parte superior de la página. Ni idea de la intención: ¿un mensaje para los siguientes lectores o solo un impulso incontrolable ante la satisfacción de verse reconocido en la sensación de otro? Ni una sola pista sobre la autoría. Ni rastro tampoco sobre a qué o a quién quería de esa manera. Pero nada de eso me pareció importante.
Sentí que lo que me había cautivado era que alguien hubiese decidido dejar por escrito algo que no resultaba ofensivo ni violento. Una frase que no suponía ataque alguno ni insultaba a nadie. Una pequeña confesión en la que, además, destacaba que cuando se quiere, o se quiere bien o no se quiere.
Minutos después me sorprendí de que me hubiese impresionado tanto algo que debía ser totalmente cotidiano. ¿Qué tenía de especial aquella frase? En realidad, nada. Seguramente la inmensa mayoría sintamos lo mismo. Fundamentalmente con nuestro entorno más próximo. Pero puede ser que estemos empezando a olvidarlo cuando nos alejamos de nuestros afectos más cercanos.
Reivindicar el querer bien, en su expresión más amplia, se está empezando a convertir en la pancarta más revolucionaria que podamos exhibir. Pero parece que justo es de eso de lo que debemos avergonzarnos, mucho más que de llenar de pintadas de odio cualquier pared o puerta. Está mejor visto ridiculizar y atacar el querer que recriminar consignas vejatorias o palizas. Buscar el entendimiento no nos convierte ni en personas ignorantes, ni en traidores, ni nos sitúa en una nube que no toca el suelo. Sabemos dónde estamos y que no es el mejor lugar. También pisamos el barro.
Al salir de la biblioteca me quedé contemplando el “Memorial dos calcetíns”. Allí estaban más de 2.400 calcetines infantiles colgados en cuerdas con los nombres de los niños asesinados en Gaza. Una instalación artística y solidaria, inspirada en la asociación escocesa Mothers Against Genocide, que no deberíamos pasar de largo.
Pensé en el libro que se quedó en la estantería y repetí la anotación escrita con aquella cuidada letra: “yo también quiero bien”, deseando que todo el mundo pudiera entender lo que eso significa de verdad. Espero que nadie la borre.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Chito Rivas
RECUNCHO HEBDOMADARIO
Bugallal, máis alá dos Bugallos
Víctor González
Me gustaría saber
Sonia Torre
UN CAFÉ SOLO
Querer bien
Xavier Castro
A MESA Y MANTELES
Vida de una trabajadora en una fábrica conservera
Lo último
LOS TITULARES DE HOY
La portada de La Región de este lunes, 1 de junio
MEDIDAS DEL GOBIERNO
Fin a la rebaja del IVA y otros impuestos de la luz y del gas
"QUE ESPAÑA SE FRENE"
Sánchez desdeña a PP y Vox como oposición “marrullera”