Manuel Baltar
La guardia pedroriana
Más de setenta actos de homenaje en favor de los terroristas de la ETA se han sucedido este verano durante las fiestas en el País Vasco y Navarra. Total impunidad e incluso apoyo por parte de muchos ayuntamientos del que forman parte o desde donde se les anima, aunque de nada deberíamos extrañarnos cuando es el mismísimo Gobierno de la Nación el que se ampara en los votos de los herederos intelectuales de la banda.
La ETA existe mientras no hayan sido juzgados todos sus asesinos y desaparezca la ideología que los sustentó y sustenta.
Bildu, Sortu; los mismos magistrados sentenciaron y decidieron dar el primer paso.
Tenemos mala memoria y ya no recordamos la lamentable resolución que permite que ellos o sus franquicias, en una extraña (?) decisión del Tribunal Constitucional, hayan llegado a las instituciones. El Tribunal Supremo condenó y el Tribunal Constitucional enmendó y aprobó. Bildu, Sortu; los mismos magistrados sentenciaron y decidieron dar el primer paso. ¿Qué había detrás? Sucedieron cosas muy raras como la doctrina Parot, el Faisán…
¡Ay la memoria! Dos ejemplos lapidarios: “La justicia no está para favorecer procesos políticos, pero tampoco está para obstaculizarlos”. “El vuelo de las togas de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino” (¿recuerdan quién lo dijo?).
Hay caminos que llevan directamente al infierno y España ese día aceptó recorrerlo. En ello estamos.
Entregarán las armas, pero su ideología sigue incluso sustentada desde alguna institución. Más de trescientos asesinatos sin resolver. Los asesinos campean a sus anchas. No podemos ni debemos olvidar el daño hecho a las víctimas que somos todos. “Yo no he asesinado a nadie, yo solo he ejecutado. No me arrepiento”. Esas son sus palabras. Esa es su tónica, su pasado, su presente y su futuro. Almas emponzoñadas por el tiro en la nuca y la bomba asesina. No busquen otra cosa, no hay nada más; la condena debería ser eterna, para siempre. Entregarán las armas, pero su ideología sigue incluso sustentada desde alguna institución.
Hoy por hoy y a la vista del panorama que tenemos no se puede decir que la ETA ha sido derrotada. La derrota llegará el día que se esclarezcan todos los asesinatos, se les juzgue, desaparezca su ideología y se nos hable claro.
Somos herederos de la injusticia del asesinato y de la insoportable soledad del dolor que no da tregua para el reposo y el descanso.
Hay un largo recorrido de traiciones quebrantando la fidelidad y lealtad a las víctimas y a nuestros muertos. ¿No era la justicia la constante y permanente voluntad de darle a cada quien lo que le corresponde?
Solo hay un final para esos que guardan las armas y la ideología de muerte: la unánime condena social y penal
No fue justo que se escenificase un final que significaba entregar las armas llenas de sangre con las que han asesinado a cerca de mil inocentes. Solo hay un final para esos que guardan las armas y la ideología de muerte: la unánime condena social y penal.
La ETA fue, es y seguirá siendo una banda de asesinos.
Sus herederos que ahora ocupan la Administración, local, autonómica o del Estado no tienen palabra que los excuse cuando permiten que se rinda homenaje a los asesinos.
¿Es esto justicia?
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