RAJOY TEME SER EL PRESIDENTE DEL RESCATE

Publicado: 09 sep 2012 - 09:40 Actualizado: 11 feb 2014 - 00:01

La eurozona parece, al fin, decidirse por evitar tantas diferencias en los tipos de interés que pagan sus estados miembros por colocar su deuda pública, con la consiguiente repercusión en la economía privada. Para España se trata de una corrección imprescindible, ya que entre los gastos de la deuda y la cobertura del desempleo consume prácticamente lo que recauda por IVA, lo cual impide hacer apuestas inversoras que contribuyan a dinamizar la inversión, el crecimiento y el empleo. Si se cumplen los buenos propósitos de Angela Merkel y Mario Draghi, que dan hecho que no habrá marcha atrás en el euro y apoyan las reformas del Gobierno de Rajoy, España podrá salir adelante. Con ayuda europea, obviamente. Y con rescate.

De momento, los mercados están reaccionando de manera favorable, de ahí que la prima de riesgo se haya rebajado considerablemente, aunque con margen para seguir cayendo. ¿Cuál es la clave? En principio, todo pasa por la compra de bonos por parte del Banco Central Europeo, a cambio de pedir antes un rescate con condiciones estrictas. Dicho de otro modo, si España hace mejor los deberes y amplía un poco los sacrificios -¿más, todavía?-, el fondo de rescate asumiría nuevas emisiones de deuda de forma limitada y el BCE compraría deuda en el mercado secundario, si hiciera falta de manera ilimitada.

Visto desde Galicia tiene su importancia negociar esas estrictas condiciones de las que habla Mario Draghi sin necesidad de aplicarlas antes de las elecciones gallegas, donde Mariano Rajoy se juega media vida, bajo presión del ala derechista de su partido. Toca, pues, pensar en un segundo rescate, que en el fondo no será muy distinto del rescate del sistema bancario. Son tiempos de impuestos más altos y salarios más bajos con mucho desempleo, al menos durante unos años. Ya veremos cuántos, pero es evidente que el horizonte de la crisis de 2008 se amplía, puede que hasta completar un ciclo de al menos diez años. De momento, lo único cierto es que la divergencia en tipos de interés de la zona euro beneficia a Alemania y que una situación así no es propia de una unión monetaria.

¿Qué se echa de menos? Entre otras cosas, que haya incentivos fiscales a las empresas, para que éstas puedan abrirse paso más fácilmente en el exterior, de modo que ese proceso termine por tirar del empleo. A estas alturas, el Gobierno debería haber interiorizado que a España se le aplicó una austeridad que no ha dado los resultados previstos. Ni por Madrid ni por Bruselas. Lo esencial no ha cambiado, aunque baje un poco la prima de riesgo. Porque lo que necesita España es trabajar más a mejores precios para poder exportar más, recuperar la economía y, de ese modo, aumentar el empleo. La realidad es bien distinta: con la economía en recesión se destruye empleo, dado que la actual política europea conduce a España a una devaluación interna, que solo se eludirá si cambian los criterios restrictivos del BCE y de la UE. Entre los problemas de fondo de la economía española siguen estando los mismos de siempre, que no conviene perder de vista: España debe preparar su aparato productivo para exportar; debe arreglar sus cuentas públicas; debe reducir su desmesurado endeudamiento privado, y debe programar incentivos fiscales a las empresas. Algunos argumentarán que la soberanía de España ya está perdida, pero la decisión de ahora es más trascendental.

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