Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
La burocracia tiene razones que la razón no entiende. Cuando la población migrante aumenta de forma significativa y contribuye al desarrollo económico de España se producen distorsiones en el acceso a la nacionalidad española que causan sonrojo por ser discriminatorias.
Si se trata además de captar talento entre aquellos que llegan a España, no se entiende la espera que tienen que sufrir para la convalidación de sus títulos universitarios o para que sean considerados españoles de pleno derecho. Dos casos ilustran este despropósito.
El científico brasileño Carlos Eduardo Pedreira, eminencia en el tratamiento del cáncer que colabora con el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, ha pasado siete años litigando con la Administración hasta que la justicia le ha dado la razón y la nacionalidad española. Lester Lecay, un atleta cubano que desertó de su país en 2022 podrá competir bajo la bandera española por ser ya oficialmente español. Tres años para un atleta y siete para un científico. Algo no funciona.
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