La reinserción también se cocina

Publicado: 29 sep 2026 - 03:40
La Región

Hace justo un año escribía en estas mismas páginas sobre la reincidencia delictiva y sobre algo que conocemos bien policías, jueces y funcionarios de prisiones: hay personas que entran y salen continuamente del sistema sin que consigamos romper ese círculo. Defendía entonces que la respuesta no podía limitarse a detener, juzgar y encarcelar una y otra vez. Un año después, la celebración de la festividad de la Merced en el centro penitenciario de Pereiro de Aguiar permite retomar aquella reflexión, pero mirando hacia la otra cara del problema: la reinserción. Pereiro sirve para cumplir una condena, pero debe servir también para preparar el día siguiente a la condena.

Los datos conocidos estos días permiten poner ejemplos concretos. Pereiro cuenta actualmente con 232 personas cumpliendo condena, de las que 17 son mujeres. Pero seguramente resulte más interesante otro número: 39 internos están estudiando. Diecinueve cursan Primaria o ESO, cuatro Bachillerato y tres estudios universitarios a través de la UNED. A ellos se suman trece alumnos de una nueva iniciativa de Formación Profesional Acelerada de Cocina y Gastronomía.

Puede parecer un pequeño dato dentro de la enorme maquinaria penitenciaria. No lo es. Una persona que abandona la prisión con una cualificación profesional, hábitos de trabajo y posibilidades reales de conseguir un empleo sale en condiciones muy diferentes de quien atraviesa la misma puerta sin más horizonte que regresar al mismo entorno del que procedía y caer, inevitablemente en los vicios que lo llevaron al centro penitenciario.

Durante la celebración de la Merced se escuchó una frase del director del centro, Francisco González, que resume bien esta filosofía: “La reinserción no se improvisa”. Y probablemente ahí esté una de las claves. No podemos pretender que una persona reconstruya su vida el día que recupera la libertad si durante los meses o años anteriores no se ha trabajado para que eso sea posible.

Los que hacen posible la reinserción tienen mucho mérito

Educación, formación profesional, deporte, tratamiento de las adicciones, atención psicológica, adquisición de hábitos y preparación para el empleo forman parte de la seguridad pública tanto como otras herramientas que tradicionalmente identificamos con ella. Prevenir un delito también consiste en evitar que vuelva a cometerlo quien ya delinquió.

Los que hacen posible la reinserción tienen mucho mérito: funcionarios de vigilancia, equipos técnicos, personal sanitario, educadores y entidades sociales desarrollan diariamente una tarea que trasciende la mera custodia. Ejemplo de ello es que varios funcionarios de Pereiro fueron distinguidos por su intervención para salvar la vida de dos internos que sufrieron paradas cardíacas, consiguiendo reanimarlos y mantener sus constantes hasta la llegada de los servicios sanitarios.

También existe una importante red de entidades colaboradoras con el centro penitenciario. Proyecto Hombre Galicia cumple 25 años trabajando contra las adicciones en el ámbito penitenciario; APES lleva 18 años desarrollando programas en el centro, y otras organizaciones participan en proyectos de acompañamiento, formación y reinserción. Son recursos que a veces pasan desapercibidos fuera de los muros, pero que pueden resultar determinantes cuando llega el momento de recuperar la libertad.

Todo esto no significa caer en la ingenuidad. Hay delincuentes reincidentes, personas que desaprovechan oportunidades y otras que necesitan una intervención mucho más intensa. La sociedad tiene derecho a estar protegida y quien delinque debe asumir las consecuencias de sus actos. Reinserción y seguridad no son conceptos contrapuestos. Precisamente porque queremos más seguridad debemos intentar que quien entra en una prisión no vuelva a ella.

Hace un año hablábamos de poner la reincidencia en el objetivo. Hoy merece la pena completar aquella reflexión y poner el foco en la reinserción

El subdelegado del Gobierno compartió otro dato para la reflexión: ocho de cada diez condenados que cumplen los programas no regresan posteriormente a prisión por nuevos delitos. Esta afirmación llama poderosamente la atención porque los agentes de la autoridad nos encontramos habitualmente con los mismos clientes, un día sí y otro también.

Quienes trabajamos en el ámbito de la seguridad sabemos el esfuerzo humano, policial, judicial y económico que supone cada delito y la cantidad ingente de recursos y el desvío hacia otras labores que se ven perjudicadas por la reincidencia. Sabemos también el daño que deja detrás, especialmente para las víctimas. Por eso, apostar por la reinserción no significa olvidar a quien sufrió el delito ni relativizar la responsabilidad de quien lo cometió. Significa intentar que no haya una próxima víctima.

Hace un año hablábamos de poner la reincidencia en el objetivo. Hoy merece la pena completar aquella reflexión y poner el foco en la reinserción. Frente a quien convierte el delito en un modo de vida habrá que actuar con todos los instrumentos que ofrece la ley. Pero, para quien quiere aprovechar una segunda oportunidad, el sistema debe ofrecer caminos reales para hacerlo.

En Pereiro han decidido este año enseñar a cocinar a trece internos. Puede parecer simplemente un programa de formación. En realidad, están intentando cocinar algo bastante más importante: un futuro fuera de la prisión.

Contenido patrocinado

stats