Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Quienes se ven afectadas por decisiones de las que depende su carrera profesional lo tienen claro: sirven más las relaciones informales, la pertenencia a una asociación o la ideología que el tan cacareado mérito y capacidad cuando se trata de ocupar los puestos más altos de la judicatura. Y esto no lo piensa ni una ni dos juezas españolas, que son mayoría entre los jueces, sino el 97% de las juezas encuestadas en un estudio del Consejo General del Poder Judicial, en el que tampoco se recatan al afirmar que tres de cada cuatro juezas y magistradas sienten que no siempre reciben el mismo trato que sus compañeros hombres, y el 55% afirma que en la carrera judicial hay discriminación hacia las mujeres. Solo hace falta mirar los nombramientos para los altos tribunales y observar cómo hay jueces con padrinos políticos que les llevan de las Audiencias Provinciales a los TSJ, a la Audiencia Nacional, al CGPJ y al Tribunal Supremo hasta llegar al Tribunal Constitucional. Es fácil conocer sus nombres.
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