Itxu Díaz
EL ÁLAMO
Sánchez arrojó a los españoles al tren
CLAVE GALICIA
Llueve mucho hasta para un gallego. Es la peor época del año para los columnistas del día y para muchos otros oficios de calle, tierra y mar. El artículo se escribe a cubierto pero hay que mojarse para encontrar un enfoque si no quieres dedicar la jornada a mantear el teletipo o zapear por tertulias para acabar contando lo mismo. La oreja al sol en una terraza soluciona unos cuantos folios en blanco, la manta de agua silencia calles y desanima bares.
“Puedes llamar al abrevadero y que te cuenten”, bromeó la conviviente. Los bofetones de agua en la ventana recomendaban al chófer de anécdotas no salir del garaje, pero seducía menos el telemaratón de tragedias ferroviarias. El empeño tuvo premio antes de poner los dos pies fuera del portal de casa. Rosana aprovechó la coincidencia para refugiarse un momento y contar que tenía que pasar a por libros para llevar a la residencia de su madre. “Como están seguido con los accidentes ferroviarios prefieren apagar la televisión y a la mayoría le ha dado por leer al ver lo entretenida que está mi madre. Es muy bonito verlos. Para lo que les queda no quieren estar pensando en que en el tren podía ir su hijo o su nieto ni ver desgracias, prefieren reírse y cosas alegres”.
Rosana aprovechó la coincidencia para refugiarse un momento y contar que tenía que pasar a por libros para llevar a la residencia de su madre.
La tele apagada en una sala de estar llena de ancianos con un libro en las manos sostiene una buena campaña de fomento de la lectura. Nunca es tarde cuando la letra es buena. De la escena también se puede inferir que la telepolítica empieza a empachar entre el espectador que, por movilidad, cuenta con más probabilidades de asistir al espectáculo. La industria editorial no se ha percatado de que hay un posible mercado desatendido. “Porque ellos quieren comprar pero les resulta difícil pedir por internet”, comenta Rosana. Hace unas semanas se llevó de casa ‘Tras do ceo’, la última delicia de Manuel Rivas. A los días estaba de vuelta pero se lo han vuelto a pedir. Ella los abastece de libros divertidos, con buena letra y no muy tochos para que los puedan sostener sin dificultad. “La residencia tiene biblioteca, pero no es como las públicas. No entiendo que todas las donaciones se hagan a bibliotecas, donde muchas no tienen sitio, porque en las residencia tendrían movimiento”. Idea de libro y el chófer sin mojarse.
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