Itxu Díaz
EL ÁLAMO
Sánchez arrojó a los españoles al tren
EL ÁLAMO
Tras el terrible accidente de Adamuz abrimos los ojos. Infraestructuras deficientes, ADIF perdiendo trenes, y trampas en las inversiones millonarias en la red de alta velocidad. Parece que un mundo nuevo y tenebroso comienza ahora, pero en realidad, termina. Es el final de un camino. La España de Sánchez se cae a pedazos y ya no es solo una metáfora, sino una descripción fidedigna. Si no me crees, trata de encontrar algo que funcione mejor ahora que en 2018, especialmente en lo que se refiere a los servicios públicos. Tal vez el sistema de recaudación de Hacienda. Nada más.
El ministro que miente con más aplomo de todo el Gobierno, Óscar Puente, alabó el creciente volumen de inversión que su ministerio está destinando al tren. Una verdad que es mentira: el presupuesto ferroviario del Gobierno de Sánchez, sobre el papel, es mayor que en la década anterior, pero no lo es su inversión real por kilómetro de vía: los cálculos de Puente no tienen en cuenta que España tiene 800 kilómetros más de vías que en 2015, y que la inflación ha ascendido un 26,5% encareciendo tanto las obras como el mantenimiento. No es que el ministro lo desconozca, es que nos lo ha estado ocultando durante este tiempo, con la seguridad de que nadie se pararía a examinar la letra pequeña salvo en caso de accidente.
Determinar si la tragedia de Adamuz tiene relación directa con la falta de inversión no es tan relevante, si consideramos que la idea es evitar que vuelva a ocurrir. En tal caso, la prioridad es que el Gobierno se decida a revisar todos los tramos de alta velocidad en los que los pasajeros están reportando –hay decenas de vídeos en las redes sociales- temblores, ruidos, frenazos y otras incidencias, y solventarlo antes del siguiente accidente. Lo mismo debe hacerse con las advertencias de los maquinistas, que en su mayoría coinciden con las que hacen los pasajeros. Todo esto en el terreno pragmático.
En paralelo a esta guerra total al coche, Sánchez presentó el tren como el gran transporte sostenible, pagó infinidad de campañas a favor del transporte colectivo ferroviario con la excusa ambientalista, y subvencionó abonos y descuentos especiales.
En el terreno político, Puente debe dimitir por retorcer y manipular las cifras de inversión, tomando el pelo a los españoles y jugando con su integridad física. Puente debe dimitir porque cuando los maquinistas le pidieron atender al deterioro de la red ferroviaria y bajar la velocidad, al menos mientras la vía no está óptima, su respuesta fue desquiciada: anunciar un plan para incrementar aún más la velocidad; un plan que le valió multitud de elogios en los medios, aplausos que hoy suenan macabros.
En cuanto al tramo concreto del accidente, que terminó de reformarse en mayo y siguió recibiendo quejas al mes siguiente de su presunta reparación, Sánchez debe explicar qué hacía una empresa vinculada a Koldo y Ábalos entre el arrejunte corporativo de la adjudicación.
Y lo subyacente: esto no es solo un asunto de Puente, es Pedro Sánchez el que, desde el primer día en La Moncloa, declaró la guerra al automóvil, hizo la vida imposible a los conductores de vehículos de combustión –el 98% de los que hay-, y dejó que las carreteras alcanzaran su actual deterioro histórico. En paralelo a esta guerra total al coche, Sánchez presentó el tren como el gran transporte sostenible, pagó infinidad de campañas a favor del transporte colectivo ferroviario con la excusa ambientalista, y subvencionó abonos y descuentos especiales.
Con esta agresiva estrategia, un alto porcentaje de españoles se ha visto obligado a cambiar el volante por el asiento del tren para los viajes interurbanos. De este modo, Sánchez logró que la cifra de usuarios de tren de alta velocidad se disparara un 77% desde 2019, saturando el tren y las vías y sin tener en cuenta el nuevo escenario para actualizar los protocolos de mantenimiento. Y, por si fuera poco, en plena cacería electoral, y con el tren en situación de extrema sobrecarga, Sánchez anunció en diciembre un nuevo abono reducido para adultos, con descuentos mareantes para los jóvenes, para que puedan viajar por todo el país. Quizá ya nunca se haga, pero el kamikaze de La Moncloa quería más madera sobre la maltrecha red ferroviaria.
La corrupción, indigna. La incompetencia, exaspera. Ahora sabemos también que la combinación de ambas, mata, si te toca la ruleta rusa del sanchismo.
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