Fernando Ramos
El retorno triunfal de Puigdemont y el presidente que sostiene
Pero cómo tienen el cinismo orgánico de afirmar que la amnistía pone fin al conflicto catalán y establece la normalidad en las relaciones del Estado con Cataluña? ¿Cómo toman por idiotas al conjunto de los españoles, al tiempo que los dirigentes de Junts, que celebran su victoria, afirman que, tras este éxito, la siguiente fase es lograr la independencia? Repiten el viejo argumento de acusar al PP de haber sido el causante del conflicto al “judicializar” lo que incluso Sánchez calificara de “delito de rebelión” (para luego retirar el de sedición del Código Penal). Todavía hace nada, Sánchez, la Montero, Marlaska, Illa y otros insistían en que no habría nunca amnistía porque no cabía en la Constitución.
La amnistía fue y sigue siendo el pago de un trato impuesto por Puigdemont a Sánchez a cambio de los votos indispensables para que pudiera seguir en la Moncloa. Evocar en perspectiva todo el proceso de este vodevil comienza cuando Sánchez decía que, como era jefe del fiscal, él presentaría a Puigdemont ante el juez. ¡Y cuando dijera que, por sus principios, nunca permitiría que la gobernación del Estado dependiera de los independentistas! O aquello de que era contrario a que un político indulte a otro, que era el principio 8 -luego retirado- del Código Ético del PSOE.
En el libro que prestigiosos juristas dedicaron a analizar la amnistía, hay un coincidente análisis que descansa en que la Constitución indica que nunca habrá indultos generales. Y en el indulto se reduce o suprime la pena, pero no el delito. Por lógica, si esta figura no era concebible, tampoco la sería la superior, que suprime el delito como si nunca ocurriera. ¿Recuerdan las imágenes de los saqueos de los CDR y los estragos causados en el patrimonio urbano de Cataluña, que siguen siendo delitos ordinarios para el común? También fueron amnistiados por completo. Pero si estos delitos se cometen por la independencia de Cataluña, dejan de serlo gracias a la amnistía.
El expresidiario Boye, condenado en su día por terrorismo y abogado del narcotraficante Sito Miñanco y de Puigdemont, acaba de arremeter contra el Supremo de forma repetida y celebra que Europa haya consagrado la amnistía. ¿Veremos pronto a Puigdemont recibido en la Moncloa con todos los honores? Porque todo esto se reduce a la consecuencia de un trato establecido cuando Sánchez envió a su hombre de confianza, Santos Cerdán, a establecerlo, luego perfeccionado por Zapatero. ¡Y la vergüenza del trato entre la representación del PSOE (del Estado, en realidad) y Junts en el extranjero, con un mediador de conflictos internacionales para acordar las cesiones indispensables para la gobernación del Estado!
Junts ha expresado su satisfacción con la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la amnistía
En suma, toda esta vergüenza ya no es más que una parte del episodio que abre una nueva etapa. Y para comprobarlo, no hay que fijarse en lo que digan Sánchez o Illa o Marlaska. Por cierto, que, dada la senda abierta, hasta el PNV, consorciado con Bildu, exige a coro el reconocimiento del País Vasco como nación. Es el momento, como dijera Otegi, para aprovechar la debilidad del Estado. Ya lo dijo Sun Tzu en “El arte de la guerra” y el mismo Carl Von Clausewitz, sobre cómo se debe aprovechar la debilidad del enemigo para avanzar.
Junts ha expresado su satisfacción con la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la amnistía, considerándola “una victoria rotunda en todos los sentidos”. Su secretario general, Jordi Turull, ha destacado que esta decisión representa un paso decisivo para el retorno de los dirigentes independentistas que permanecen fuera de España. Turull ha defendido que el fallo del TJUE es un gran paso tanto para el regreso de los exiliados como para todas las personas que han sufrido la represión del Estado, y ha prometido que el presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, volverá a Cataluña. Y ahora, con claridad, a conseguir el resto de los objetivos que se marcaron en 2017, una vez superadas sus consecuencias.
Y el propio Artur Mas va más lejos y dice que ahora la presión se debe poner sobre los tribunales que deben aplicar la amnistía, aunque apunta que el Tribunal Supremo (TS) tiene margen por que no ha elevado la cuestión al TJUE, como sí han hecho el Tribunal de Cuentas y la Audiencia Nacional, y añade en una entrevista: “Ya no tienen excusa. A partir de aquí, lo que tienen que hacer es aplicarla. Y si no lo hacen, hará falta ver qué actuaciones hay que tomar para forzarlos a aplicarla”. El que fuera el iniciador del proceso, luego de que Rajoy le negara el pacto fiscal al estilo vasco, se atreve de decir que “hay una evidencia bastante clara de desobediencia de determinados ámbitos judiciales españoles para aplicar la Ley de Amnistía”. Y apunta al ámbito donde cree contar con apoyos y dice que “el Constitucional es el que debe hacer obedecer a todos los otros tribunales españoles y no puede esconder la cabeza debajo del ala”. O sea, que Conde-Pumpido, aunque no sea poder judicial, sigue ejerciendo como una instancia superior al propio Supremo.
Lo más curioso es que los de Junts e Illa cantan a coro la misma copla: tiene que regresar Puigdemont para alcanzar la normalidad plena en Cataluña. Claro que los primeros lo matizan. Seguimos para bingo.
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