Los reyes magos

UN CAFÉ SOLO

Publicado: 05 ene 2026 - 08:10

Sonia Torre
Sonia Torre | La Región

Y si fuera verdad? ¿Y si los Reyes fuesen auténticos magos que, a lo largo de esta noche, lograran repartir instantes de felicidad a la infancia de todo el mundo? ¿Lo lograríamos si fuera bajo la condición de una aprobación unánime de todos nosotros a la lista de deseos?

¿Estaríamos dispuestos a limitar al mínimo el número de regalos para nuestros niños a cambio de que no faltaran en ningún hogar? ¿Aprobaríamos apagar parte de las deslumbrantes luces navideñas para que los menores que viven desde hace años en la Cañada Real sin electricidad o en casas llenas de penurias pudiesen encender una bombilla que espantara al monstruo de la oscuridad? ¿Podríamos prometer sin fisuras a los que padecen algún tipo de enfermedad nuestro compromiso con la investigación y la sanidad pública, que les alivia y cura, aunque para ello debamos renunciar a una bajada de impuestos? ¿Permitiríamos a Sus Majestades que eliminaran para siempre la destructiva etiqueta de “mena” para mostrar, en su lugar, a los menores vulnerables no acompañados que cargan con una desconfianza y desprecio que no les corresponde? ¿Nos comprometeríamos a no consumir ningún producto bajo la sospecha de esclavitud infantil, aunque nos saliera más caro o impidiera lucir lujosos distintivos?

La historia y el presente dan una respuesta clara. Todas las infancias tienen el mismo valor, pero no importan lo mismo.

¿Seríamos capaces de aprobar, sin un solo voto en contra, que los niños dejen de ser asesinados y tuviesen como regalo un horizonte esperanzador, alejado de tiendas que se inundan y de pesadillas que los hacen zozobrar, sea en Gaza, el Congo o en cualquier campo de refugiados, aunque recibamos insultos? ¿Ratificaríamos el compromiso de enfrentarnos a agresores que roban infancias, sean quienes sean, estén cerca de nosotros o en la otra punta del planeta, aunque nos suponga ser expulsados de grupos donde estábamos cómodos?

¿Firmaríamos sin titubear un documento para que estos Magos desplegaran poderes garantes de una infancia feliz, vivida con la inocencia que le corresponde y con el derecho intacto a un futuro, sean quienes sean esos niños, vivan donde vivan, vengan de donde vengan, recen lo que recen? ¿O comenzaríamos a poner barreras, ajustar excepciones, y señalar quién sí y quién no dependiendo del momento, de nuestros intereses o de nuestros prejuicios?

La historia y el presente dan una respuesta clara. Todas las infancias tienen el mismo valor, pero no importan lo mismo. Los olvidados cuerpos devueltos por el mar, las invisibles niñas casadas y vendidas por la fuerza, las ignoradas siluetas frágiles que rebuscan en montañas insalubres de basura o en minas de coltán o los quebrados huesos que asoman en cuerpos desnutridos, todos náufragos en el más absoluto desamparo, no dejan lugar a dudas.

Parece que seguiremos negándoles un horizonte más luminoso, por excesivas cláusulas en el contrato. Así que esta noche tampoco habrá magia capaz de mantener la infancia a salvo de mezquindades.

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