DÍAS Y COPLAS
Rendir cuentas da vergüenza
A partir de la breve noticia evangélica, fueron cobrando figura y nombre y se hicieron reyes fulgurantes. Hoy perduran sus imágenes más gracias a la tradición y al arte. Perviven como ilusiones y sueños de niños antes y especialmente en la noche de Reyes, el 6 de enero. Aunque la cultura dominante, la woke, trata de ridiculizarlos y de explicar quiénes son los Reyes Magos, la ilusión sigue perviviendo y no haya nada más entrañable que ver la cara de los pequeños en la cabalgata del 5 de enero, admiración, sorpresa, alegría… Venían de Oriente, siguiendo el rumbo de una misteriosa estrella, realmente la conjunción de Júpiter y Saturno, que se repite cada 11 años y se oculta en verano, vuelve aparecer en septiembre, desaparece y la vemos de nuevo en diciembre. De ahí la historia bíblica de que la perdieron y al salir de consultar con Herodes la volvieron encontrar. Para conocer el rumbo recordemos que el movimiento terrestre es de este a oeste.
Llegaron a Belén y ofrecieron al Niño (que ya no estaba en el pesebre) tres regalos: oro, incienso y mirra, y se volvieron muy contentos a su país lejano. A la vuelta lo evitaron. Y Herodes, receloso y enfurecido, mandó a sus soldados que mataran en Belén a todos los niños menores de dos años. Pero de allí ya se habían ido Jesús y sus padres, advertidos a tiempo por un ángel, camino de Egipto. El niño-Dios tenía que cumplir la misión, la redención de la humanidad, que terminaría con su muerte en la cruz.
Lo Reyes Magos de Oriente no recibieron nombres ni fueron coronados reyes hasta el siglo VI. Año tras año, sabios y doctores de la Iglesia fueron completando después la historia que cada 5 de enero desvela a millones de niños en espera de los regalos. Hoy se le conocen por los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Se les asignó uno de los tres continentes conocido en la Edad Media: Melchor (Europa), Gaspar (Asia) y Baltasar (África). Los regalos vienen a ser los atributos de Dios encarnado, Jesús, el oro por el rey, la mirra por hombre, el incienso por dios.
No tardó mucho en quedar fijado el día de la Epifanía en Belén: un 6 de enero, a 12 días de la Natividad, el 25 de diciembre. Obedece a que la Iglesia en el siglo V para cambiar la celebración del solsticio de invierno, teniendo en cuenta que el Sol empieza a crecer se trasladó la fecha del nacimiento del niño-Dios a la noche del 25 de diciembre.
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