Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
Marruecos: ¿fiable y responsable?
Como es bien sabido, en días pasados el Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco acordó, por motivos técnicos, devolver a sus promotores el expediente relativo a la candidatura de la Ribeira Sacra. Una decisión que, si bien no colma las aspiraciones de los padres de la iniciativa, cuando menos supone un aplazamiento de la resolución final que permite solventar el peor de los escenarios posibles, el rechazo definitivo de la propuesta, como así recomendaba la entidad evaluadora Icomos. De ahí que esta segunda oportunidad concedida por la Unesco a la candidatura española se percibiese por las instituciones nacionales involucradas como una victoria táctica, sin importar que la decisión adoptada requiriese el cumplimiento inexcusable de notables exigencias y conjugar puntos de vista de difícil ajuste. Y, a este respecto, bien merece la pena reflexionar sobre el camino andado y la naturaleza de una iniciativa que si algo pretende es alcanzar el reconocimiento internacional de un territorio reseñable por un patrimonio material singular, pero también por el esfuerzo persistente de una comunidad identificada con una forma de vida genuina.
Por tanto, no debemos exacerbar el ánimo cuando el movimiento asociativo, más o menos numeroso, plantea sus críticas a la candidatura de la Ribeira Sacra y pide la retirada definitiva de la propuesta, ejerciendo no solo el derecho a disentir, sino induciendo también al pertinente debate social fuera del marco de las instituciones públicas.
A estas alturas del proceso no cabe la menor duda de que estamos ante una candidatura de Estado, con independencia de que efectivamente fuese el gobierno central español quien la materializase ante la Unesco, como así establecen las normas al efecto. Es notorio que todos los concellos de la Ribeira Sacra, al igual que las diputaciones de Lugo y Ourense y, por supuesto, la Xunta de Galicia respaldan la iniciativa desde sus orígenes, y han asumido el compromiso de continuar en el empeño hasta que el expediente en curso se resuelva satisfactoriamente. Pero también es una obviedad que estamos ante una iniciativa que, más allá del carácter interinstitucional mencionado, pretende involucrar al conjunto de la sociedad civil y, con ello, convertirse en un proyecto de país avalado por la mayoría de los ciudadanos. Y es precisamente en este punto donde el asentimiento colectivo resulta deseable, pero la unanimidad de pareceres se muestra esquiva, como parece ser el caso. Bien es cierto que la legitimidad de las instituciones públicas está fuera de cualquier duda y que estas representan la voluntad popular expresada democráticamente en las urnas. Pero el diálogo social es un activo en sí mismo y dar voz a la discrepancia se percibe como una oportunidad para enriquecer una propuesta de marcado carácter territorial como la que nos ocupa.
Por tanto, no debemos exacerbar el ánimo cuando el movimiento asociativo, más o menos numeroso, plantea sus críticas a la candidatura de la Ribeira Sacra y pide la retirada definitiva de la propuesta, ejerciendo no solo el derecho a disentir, sino induciendo también al pertinente debate social fuera del marco de las instituciones públicas. De igual manera que resultan legítimos tanto el posicionamiento del embajador de España ante la Unesco, como su consecuente reprobación del informe elaborado por la entidad evaluadora Icomos, por mucha vitola técnica que esta última exhiba. Porque contrastar enfoques, metodologías de trabajo, información de base y conclusiones operativas es el pan nuestro de cada día en cualquier proceso de análisis y prospección, como así acredita la rutina diaria de la ingente cantidad de universidades y centros de investigación dispersos por el mundo adelante. Una tarea, por otro lado, nunca exclusiva de supuestas élites del saber, de la cual como es lógico se derivan posturas en muchos casos encontradas que, más que entorpecer el progreso, contribuyen a la generación del conocimiento y a su difusión. Un proceso si se quiere dialectico que, alguien más versado en la materia que un servidor, concretó y popularizó de forma brillante bien entrado el siglo XIX y del cual no podemos prescindir gratuitamente: tesis, antítesis y síntesis. Como es sabido, toda proposición en la vida tiene sus pros y contras reconocibles, y afrontarlos con franqueza es un mecanismo útil a la hora de emprender un camino que se adivina incierto. Sea, pues.
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