Manuel Baltar
Juguetes rotos
En tres días vi dos veces “Toy Story 5”. Con mi hijo pequeño Mario y con mi hija mayor Elena, con la que llevo viendo todas las películas de la saga, empezando por la primera dirigida por John Lasseter y producida por Pixar. Woody y Buzz Lightyear siguen de rabiosa actualidad. El mensaje en esta ocasión es clarísimo: “La era de los juguetes se ha terminado”. Describe una sociedad actual donde la tecnología ha ganado la batalla. Las tablets y móviles han invadido habitaciones y salas de estar. Imagino que el sector juguetero, de gran tradición en España, se ha resentido y estará explorando contrarreloj nuevos productos que resistan la embestida de las redes sociales y los juegos online.
Es una delicia perderse en Ricordi, el Museo del Juguete de Medina del Campo, para zambullirte en tu infancia y admirar la evolución del compañero de tantas generaciones. Qué decir del Museo Gallego del Juguete en Allariz, creado en 1995 gracias a la donación de la colección de Alberto Oro Claro. Un viaje en el tiempo muy recomendable cuando las noches de Reyes traían paquetes que cubrían alfombras y mesas de comedor y no “tarjetas-regalo” o juegos de vídeoconsola que cabe toda la colección en un puño cerrado.
Rebelémonos contra la estampida de lo artificial, promovamos el juego interpersonal, que fomente las relaciones entre los niños, como debe ser
Los preferidos de las generaciones de entreguerras eran los soldados y juguetes bélicos, hoy en día prácticamente extinguidos, sustituidos más tarde por los héroes del cómic, cambiando así realidad por ficción. Increíble historia la de la empresa Mattel, fundada en 1945 en California por Ruth Handler, Elliot Handler y Harold Matson –la primera sílaba del apellido de Harold y la primera del nombre de Handler- obraron el nombre, comenzando con la fabricación de marcos y pequeños objetos de madera. Ruth, de vacaciones en Suiza con su marido Elliot, descubrió en la vitrina de una tienda una muñeca de 30 centímetros llamada Lilli… fue el origen de Barbie, bautizada precisamente con el nombre de pila de su hija Bárbara.
Rebelémonos contra la estampida de lo artificial, promovamos el juego interpersonal, que fomente las relaciones entre los niños, como debe ser. Fijémonos en la importancia del concepto pues hoy en día juguete sirve fundamentalmente para referirnos de forma despectiva a alguien o algo a quien utilizamos. Sea la estrella de un equipo deportivo que se convierte en juguete roto tras perder sus registros y pasar de admirado a olvidado, sea cualquiera de los cargos públicos tan utilizados por el Presidente en ejercicio, al que sabemos estoy aludiendo, que se convierten en leprosos cuando dejan de ser útiles para salvaguardar el presunto buen nombre de una organización y un ejecutivo cuya credibilidad se cae a jirones.
Jugar no es un lujo, es una necesidad. Mucha razón tenía Jean Piaget cuando aseveró que “los niños y niñas no juegan para aprender, pero aprenden porque juegan”. Me rindo ante Albert Einstein: “El juego es la forma más elevada de la investigación”. Huyamos de las trampas, respetemos las reglas, pero nunca juguemos con fuego. Y la inteligencia artificial invadiendo las esferas de la infancia es un incendio de fatales consecuencias para el futuro de nuestra convivencia.
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