Ricardo F. Colmenero
A vida a anacos
Todos hemos visto, y empezamos a maravillarnos, los robots bailarines que nos mostraron desde China con motivo de la celebración del año nuevo chino. Las cosas que han hecho este año, superan con creces las que hacían el año pasado y prácticamente pueden hacer cualquier coreografía que se propongan. También hemos visto en los resúmenes que, sobre las grandes ferias de tecnologías, hacen los telediarios sobre robots humanoides que pueden actuar de camareros o de asistentes para el cuidado de enfermos o personas discapacitadas. Y también de robots “mayordomos”, que en principio podrían hacernos todas las tareas domésticas. Para que estos robots lleguen a ser una realidad en nuestros hogares (por supuesto quien esté dispuesto a tenerlos) hay que superar, todavía, algunas barreras.
La primera barrera tiene que ver con la tecnología. Los robots que hoy existen y que pueden realizar muchas de estas funciones, aun les falta psicomotricidad y “tacto”. Por ejemplo, la anatomía de la mano humana es muy compleja y replicar los músculos, tendones y la asimetría del pulgar en un espacio tan reducido mediante servomotores es, todavía, un reto de ingeniería definitivo. Los seres humanos tenemos 27 grados de libertad y hoy, los robots, alcanzan 20 en el mejor de los casos. Otro problema es el tacto. A diferencia del lenguaje (donde la IA dispone de todo internet), no existen bases de datos suficiente sobre “cómo se siente” tocando algo de una determinada superficie. Pero ya se están desarrollando toda una familia de materiales (ionogeles) que pueden utilizarse para fabricar “pieles electrónicas” para prótesis y, cómo no, para robots. Estas pieles podrían sentir presión, temperaturas, texturas, como la piel humana. Las prótesis con este tipo de piel podrán enviar señales sensoriales directamente al sistema nervioso del usuario (humano o robot), devolviendo (en un caso) o proporcionando el sentido del tacto (en el otro). A la velocidad que se mejoran todas las tecnologías gracias a la irrupción de la inteligencia artificial, ¿Cuánto tiempo necesitamos para que un robot humanoide tenga una psicomotricidad y tactos equivalentes a los de un ser humano? El baile que nos mostraron los robots chinos el día de su año nuevo, demuestra que cosas que parecían impensables hace escasamente un año, son realidad. ¿Harán falta dos, tres, cuatro años más para salvar estos saltos tecnológicos?
La segunda barrera tiene que ver con varias facetas relativas a la seguridad: ¿se les puede ir la olla y hacernos daño? ¿si provocan un daño en la casa, lo cubre un seguro? ¿qué tan segura es “nuestra información” con un robot en casa? Hay muchas preguntas, algunas de carácter ético que aun hay que contestar.
Pero existe una tercera barrera, y es el precio. Ya existen robots humanoides, todavía muy torpes, e incapaces de hacer la mayoría de tareas necesarias en un hogar (incluyendo la total capacidad para acompañar o ayudar a una persona dependiente) por 20-30.000 euros. Casi un juguete o capricho para gente con mucho dinero. Un robot humanoide avanzado (capaz de bailar rock’n’roll) cuesta por encima de los 100.000 euros. Si estos últimos alcanzan la perfección funcional que tenemos los seres humanos, hoy costarían por encima de esta cantidad, y eso ocurrirá, quien sabe, en muy pocos años.
Serán robots capaces de cuidar de personas dependientes, hacer todas las tareas del hogar (desde camas y limpieza, poner lavadoras y lavavajillas, preparar comidas, poner y recoger la mesa, coordinar o sustituir cualquier robot doméstico, recoger paquetes de compra o comida a distancia, hasta vigilar nuestra vivienda, …). Y ellos mismos se harán su mantenimiento y se enchufarán a la red para cargarse. Inicialmente, costarán muy por encima de esos 100.000 euros. Entrarán en las casas de los millonarios, pero Elon Musk y otros, empezarán a fabricarlos en masa, y el precio ira bajando hasta esos 10.000-20.000 que ahora cuestan los robots domésticos actuales, o incluso menos. Hoy tenemos en casa cosas que la ciencia ficción imaginó hace muchos años, y que “antes de ayer” parecían imposibles. Quien sabe, a lo mejor en un par de años, el robot mayordomo se convierte en el regalo estrella para los Reyes Magos.
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