Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
En cualquier publicación relacionada con el tema leerá algo así como que la capacidad de atención del ser humano es la cantidad de tiempo concentrado que una persona puede dedicar a una tarea sin distraerse, y esas estimaciones de duración son muy variables y, en cualquier caso, limitadas. Pero existe la capacidad de desviar la atención, o sea, apartar la atención del objeto al que estaba aplicando su interés. Si nos adentramos en la psicología podemos encontrarnos con el “sesgo atencional” o cómo sabemos dirigir nuestra atención más a unas cosas que a otras, y que nos fijemos en un conjunto de datos e ignoremos el resto.
En los momentos políticos que nos toca vivir, la política como siempre y hoy si cabe aún con mayor fuerza, no sólo tiene que ser transformadora sino, más que nunca, hacer posible lo necesario. Pero lo que nos presenta el presidente del Gobierno es la prescripción de “jarabe de Fierabrás”. ¿El objetivo?: desviar la atención de lo importante, del interés general. Para contextualizar la intención de este artículo les recuerdo que el “jarabe o bálsamo de Fierabrás” es presentado por Cervantes, en boca de don Quijote, como una especie de panacea para cualquier problema -en este caso de salud- y constituye el único preparado medicinal que surge de la fantasía del autor. ¡De la fantasía!
Que la legislatura, además de estar seca de contenido y Sánchez acorralado judicialmente… pues recurre a las bodas de oro del óbito del dictador
Desde el Quijote hasta nuestros días, ahora a nivel político, nos encontramos en tal despropósito que, de la mejor novela del mundo, pasamos a la peor política. No son pocas las veces que vivimos en pura fantasía. Nos hemos encontrado con una forma de hacer política donde a la acción se le responde con una reacción, ésta con el claro propósito e intención de desviar o distraer la atención, sabiendo que la capacidad de atención humana es limitada en el tiempo y, si estamos a un tema, dejamos en parte o totalmente otro. Si a ello añadimos que, como en la canción de Amaral “Sin ti no soy nada, una gota de lluvia mojando mi cara”, letra que habla de un sentimiento extremo de dependencia emocional de otra persona, pues tenemos la personalidad política de Sánchez con su entorno.
¿Que hay elecciones? Tras siete años de sanchismo es perder el tiempo recabar su programa; éste irá en función de sus necesidades con los socios, y el cambiazo resultante lo justifica como “cambio de opinión”. Con amenazarnos que con el PP viene la ultraderecha o la derecha extrema, metiendo pánico, desvía la atención. Hace años amedrentaban con el dóberman. Que la legislatura, además de estar seca de contenido y Sánchez acorralado judicialmente… pues recurre a las bodas de oro del óbito del dictador, criticando a quienes buscan olvidar el franquismo con un “puede volver a ocurrir”; un salvador, Sánchez, anticuado, pues esos cincuenta años no significan el fin de la dictadura franquista.
La utilización interesada, oportunista y extemporánea de Franco, por sus cincuenta años muerto, es todo un intento de desviar la atención del foco de las causas judiciales, que acechan al entorno más familiar de Sánchez. Como dice mi idolatrado Neme, el PSOE después de su eslogan “Cien años de honradez”, contestado por el comunista Tamames con un “Y cuarenta de vacaciones”, nos venga Sánchez con lo de habernos traído la democracia a España… es como para acongojarse de risa y no parar. Si de verdad se quiere celebrar la democracia en España, no hay mejor ocasión y fecha que el día de la aprobación de la Constitución, no la muerte del dictador. Todo lo demás es desviar la atención, típico de una personalidad paranoica, que tiene interiorizado que es sólo él o el caos. Y, ahora, ya un paso más, en no sólo desviar, también neutralizar con la proposición de ley orgánica “frente al acoso derivado de acciones judiciales abusivas”, con el objetivo de cercenar la acusación popular. La “ley Begoña” en marcha ya es otro cantar… que da para otro capítulo.
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