Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
El recurso a los tópicos, entendidos como expresiones retóricas y literarias en el lenguaje político para los discursos institucionales, no deja de ser una herramienta para conseguir un objetivo de responsabilidad humana. Se pone de manifiesto especialmente en las celebraciones de las fiestas navideñas y en la conmemoración de la festividad a un santo que, si viene precedido de la fama de “milagreiro”, tiene más credibilidad y mejor encaje para el argumentario. Somos bastantes los que hemos recurrido a este lenguaje a lo largo del tiempo. Hemos dejado atrás un año de recursos a tópicos y a la palabrería. Y mi idolatrado Neme siempre me lo recuerda: cuando los humanos recurren a Dios o a los santos para conseguir algo,… es que han perdido la confianza en los hombres, por muy capaces o prestigiosos que estos fueren. En un país llamado España, donde se van a celebrar cien actos para conmemorar la muerte de un dictador y no la vida de una democracia… todo es posible.
Y después ya, para fin de año, vienen los discursos de presidentes autonómicos, que los hay para todos los gustos y condición. ¡Y tópicos!, más que peticiones de realidades creíbles ante responsables humanos
La guinda a lo dicho salió a relucir una vez más este final de año. Y es de suponer que tal declaración de intenciones por parte de nuestros políticos sea la regla a seguir en el transcurso del nuevo año. Y yo, tan escéptico, supongo que continuaremos oyendo tópicos, pues pintan bastos. Porque cuando el rey hace una llamada a la clase política con la finalidad de serenar el cruce y tono de las declaraciones y disputas, para que la contienda política deje de ser “atronadora” y, dirigiéndose los españoles, para que seamos nosotros los capaces de superar las dificultades, otros políticos apelan a la divinidad para lograr alcanzar los mismos objetivos; objetivos -y repito- que son de condición y responsabilidad humana, terrenal, no divinos.
Cronológicamente, en esta ocasión, el presidente del Gobierno adelanta el discurso de fin de año respecto al rey y, como hombre que se dice de izquierda y progresista -quizás también agnóstico o ateo-, no se encomienda a Dios ni recela del Diablo. La culpabilidad de la discusión subida de tono es de la oposición, por sus bulos, fango; lo bueno se lo atribuye a él mismo, en un ejercicio triunfalista. Un día después, el rey hace un diagnóstico terrenal y, en consecuencia, prescribe consejos a la clase política, abriendo la puerta a la esperanza. Y después ya, para fin de año, vienen los discursos de presidentes autonómicos, que los hay para todos los gustos y condición. ¡Y tópicos!, más que peticiones de realidades creíbles ante responsables humanos.
Como final, y no por ello menos importante, el discurso del delegado regio en Galicia en la Ofrenda al Apóstol, con motivo de la conmemoración del traslado de sus restos desde Palestina a Santiago. El delegado regio, Miguel Santalices, reclama “una financiación autonómica justa, apelando también a construir una sociedad en la que todas las personas, con independencia del territorio donde vivan, tengan garantizados los mismos servicios”. Igualmente, cuando en la Catedral de Ourense, con motivo de la misa al patrón, san Martiño, los diferentes alcaldes que se sucedieron, alguno pidió “polos que sofren a forte crise”; otro suplicó al santo que “protexa dos incendiarios que queiman a nosa terra”; otro, por “o bo temperamento e espíritu de consenso”, etc. No me digan ustedes que lo que le reivindican al santo no es de arreglo y responsabilidad de los humanos, pero como dudamos del efecto capaz de los hombres recurrimos a la santa divinidad. “Ben feito!”
En los momentos difíciles, complejos, de polarización y duro enfrentamiento político, se hace imposible la predisposición a un caldo de cultivo para crear una sociedad más justa, equitativa y solidaria. No aparece la autoridad política que lo haga posible. Y cuando no creemos en nosotros mismos y consumimos nuestro tiempo en el enconamiento, como el que nos encontramos atrapados, ponemos la directa y vamos a buscar la divinidad, los santos y a Dios, ya que ni nosotros mismos creemos en nuestros semejantes, y vamos a los tópicos.
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