Jesús Prieto Guijo
LA OPINIÓN
La fiesta es el 19 de julio
Gabriel Rufián, inopinado protagonista de lo que Antonio Maillo, coordinador federal de Izquierda Unida, ha denominado una “telenovela”, ha dejado de ser un personaje secundario en el retablo de la política nacional para convertirse en el protagonista de la semana.
De reclamar la autodeterminación y la independencia de Cataluña ha mutado a candidato a impulsor del reagrupamiento de todas las fuerzas de izquierdas situadas a la izquierda del PSOE. Su manejo con soltura en las redes y recientes apariciones estelares en algunos canales de televisión y en medios afines al sanchismo le habían hecho entrar en zona de hybris. Pero a la vista de que los aludidos -desde IU a Bildu, pasando por Sumar, los Comunes o Compromìs- le han dado largas, parece que estaría corrigiendo el rumbo.
Rufián, que llegó a la capital de España prometiendo que no estaría más de una legislatura, le ha cogido gusto a la cosa y lleva ya camino de cumplir diez años. Y todo indica que le gustaría quedarse.
Dice que las izquierdas necesitan con urgencia reagruparse para hacer frente al apocalipsis que representa el ascenso de Vox y su futura alianza con el PP pero se le ve urgido de una prioridad más acuciante. En ERC, el partido del que es portavoz hay descontento respecto de su actuación en Madrid. En un medio barcelonés de línea editorial afín a las tesis independistas se podía leer que en la dirección del partido solo contaba con el apoyo de Oriol Junqueras. Rufián, que llegó a la capital de España prometiendo que no estaría más de una legislatura, le ha cogido gusto a la cosa y lleva ya camino de cumplir diez años. Y todo indica que le gustaría quedarse. Y está dando señales acerca de dónde le gustaría aparcar.
La última quedó fechada en el reciente pleno del Congreso, ocasión en la que adelantó a Patxi López, portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, en la encendida defensa del ministro Óscar Puente en la crisis provocada por el accidente de Adamuz en el que perdieron la vida 46 personas. Rufián rozó lo patético. Defendió la gestión de Puente, de quien depende la Renfe y Adif, olvidando que el diario caos que provocan las cancelaciones de los ferrocarriles catalanes de cercanías (las Rodalias) también es imputable a la incompetencia y la falta de inversiones del Ministerio de Transportes. ¿Estará llamando a las puertas del PSOE? A eso suena tanta entrega. Veremos como acaba la “telenovela”.
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