Toca arremangarse

Publicado: 14 feb 2026 - 00:15
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La expresión, que encabeza estas letras es, tal cual, del presidente en funciones de Aragón horas después de ganar las elecciones sin la mayoría absoluta a la que aspiraba -para ello convocó elecciones anticipadas- perdiendo dos diputados -algo que no preveía ni entraba en sus planes- y, tras acabado el recuento, mostrarse muy satisfecho con un contundente “el Partido Popular ganó las elecciones”. ¡Cierto!, indiscutiblemente el PP ganó las elecciones. Consiguientemente no es de extrañar que, tras la primera valoración, Ascón exclamara, para evitar cualquier duda, un “Vamos a gobernar”, e ilustrándolo con un sonoro “toca arremangarse”. Prepararse para trabajar duro o doblar las mangas de la camisa para acortarlas (arremangarse), significa para la ocasión: Negociar con Vox para formar gobierno. Bien, ¡cómo debe ser! Aunque a Neme le abruma una duda: ¿No pudo arremangarse antes de convocar elecciones anticipadas, teniendo a Vox más debilitado que hoy? ¿O quiso probar suerte? ¿O la estrategia falló? ¡Es la política!

Ahora mismo, tras un “líbreme Dios dun xa foi”, toca hacer de tripas corazones, arremangarse. ¡Simplificando!, si Vox duplicó sus escaños, ganando siete; habiendo perdido cinco los socialistas y dos los populares, siete en total, toca arremangase, lo diga Agamenón o su porquero… Pero, y siempre cuando no vienen bien dadas existe un pero, estas elecciones fueron las segundas tras las extremeñas y van ser las anteriores a las de Castilla-León. Y en las dos habidas -extremeñas y aragonesas- el denominador común es que el PP ganó -manteniéndose o bajando-, el PSOE sanchista se hundió y Vox crece, sin discusión. Y la premonición de los “entendidos” y “entendidiños” -hay muchos Tezanos sin cobrar sueldos públicos- es que en Castilla-León suceda otro tanto de los mismo.

la ciudadanía vota para que se le represente, no solo para ganar o subir en votos tras unas elecciones

Ahora mismo estamos en un dilema. Como no hay dos sin tres, al hacerse Vox el remolón, comportándose como una novia política despechada, con alta dosis de altanería, no sabemos, ciertamente, si quiere apoyar o no la investidura de quien ganó las elecciones en las dos CCAA donde ya las hubo, y si es su deseo entrar a formar parte de los respectivos gobiernos, una vez la investidura. Porque hasta ahora Vox esperó sentado viéndolas venir, sin desgastarse un ápice -todo lo contrario- no estando en el gobierno, y, con tales antecedentes, está echando cuentas y diciendo por lo bajo que “gobiernen ellos”, que así nos está yendo muy bien.

¡Claro que la acción de gobernar desgasta! ¡Ojo!, a lo dicho por el incombustible político italiano Andreotti: “El poder desgasta, pero desgasta más al que no lo tiene”. Hasta el momento a la ultraderecha le va inmejorable, ya que entre otras cosas todos hablan -hasta yo lo estoy haciendo- de Vox. Le estamos haciendo la fiesta, Sánchez, Feijóo…, ¡todos!, en vez de omitirle. Semejando, que el tacticismo de los de Abascal es contemporizar, y que hablen otros, manteniéndose en la reserva activa, cara a las legislativas, que las autonómicas les son menudencias; o, si se quiere ser más correcto políticamente, entrenamientos a la espera de la gran cita. O también, a la espera, de si hay que entrar en los gobiernos autonómicos hacerlo por la puerta grande con vicepresidencias y consejeros. Que se visualice que son todo y no parte.

Sin embargo, hay antecedentes, no muy halagüeños, con esta manera de comportamiento político. A Ciudadanos (Cs), cuando todos le estábamos adorando la píldora, dándole la bienvenida de formación salvadora, llegando a capitalizar -año 2017- en Cataluña la mayoría del voto constitucionalista con 37 escaños, dejando a los socialistas catalanes del PSC con 17 escaños, hete aquí que su lideresa, Arrimadas, convertida en la primera candidata no nacionalista en vencer en votos y escaños en unas elecciones, dejó de representar la gran “esperanza blanca” de la centralidad política, símbolo de la Cataluña constitucionalista, al no intentar siquiera la investidura. A partir de aquí el principio del fin. Porque la ciudadanía vota para que se le represente, no solo para ganar o subir en votos tras unas elecciones. Ante las dificultades arremangarse. Lo debiera tener presente Abascal, que los votantes, del partido que sea, votan para gobernar o participar en el gobierno, no sólo par conseguir magníficos resultados electorales. Y hay ocasiones que gobernar es ceder en las pretensiones… ¡Arremangarse!

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