Fernando Lusson
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Aldama tira contra Sánchez
La moción de censura presentada en Rumanía contra el Gobierno proeuropeo de Ilie Bolojan crea un importante riesgo en ese país, hoy importantísimo para Occidente. No se trata de una mera reacción contra reformas impopulares. Ese busca desestabilizar el país más importante del flanco sudoriental de la Unión Europea y de la OTAN. Y, cómo no, el principal beneficiario es Moscú. Lo sorpredente e insoportable es la convergencia entre la extrema derecha del infame partido ultraderechista AUR, de George Simion, y el Partido Social Demócrata, PSD, de Sorin Grindeanu. El PSD se ha salido del Gobierno rumano, reventándolo y abocándolo al abismo. Que una formación integrada en la familia socialdemócrata europea se preste a esa alianza con la ultraderecha iliberal y prorrusa exige una respuesta inmediata. Los socialdemócratas europeos deben impedirlo. No pueden denunciar a la extrema derecha en Bruselas y pactar con ella en Bucarest. Deben expulsar al PSD inmediatamente.
AUR no busca corregir la política económica de Bolojan sino precipitar unas elecciones anticipadas donde puede tener opciones por el inmenso apoyo económico y tecnológico ruso. El objetivo: forzar una recomposición regional en la que Rumanía sustituya a Hungría como caballo de Troya nacional-populista prorruso, tras la caída de Orbán. AUR no es una oposición conservadora normal. Es la misma maquinaria que impulsó la candidatura prorrusa de Calin Georgescu en las presidenciales de 2024, anuladas tras demostrarse una operación de injerencia rusa y una campaña digital irregular a gran escala.
Lo documentado en Rumanía coincide con la estrategia que Rusia intenta desde hace años en muchos otros países. Georgescu no fue un simple loco sino el síntoma de una ofensiva que traciende a Rumanía y se desarrolla en toda Europa. Rusia juega con nuestros sistemas político-electorales como un gato con un ratón. Se probaron redes de financiación, propaganda y apoyo violento. Se desplazaron grupos armados desde Sibiu hacia Bucarest a los que se intervino abundante armamento y dinero. Esos grupos estaban vinculados a la variante rumana del “Grupo Wagner” y combatían en África junto a los paramilitares rusos.
Así opera hoy Rusia en Europa: no siempre mediante tanques, sino mediante partidos, influencers, dinero oscuro, sabotaje institucional y agitación. Simion y AUR pertenecen a ese clima político. Pretender normalizarlos sería una irresponsabilidad histórica. AUR debería ser excluida del sistema político-electoral, y no es el único país donde debería hacerse eso con la quinta columna ultra.
Rumanía es crucial porque su posición geográfica la convierte en pieza central de la seguridad europea. Es el mayor país del flanco sudoriental de la UE y de la OTAN, tiene dos grandes tramos de frontera directa con Ucrania, es esencial en el mar Negro y alberga infraestructuras militares occidentales tan decisivas como la base militar Mihail Kogalniceanu, cerca de Constanza. Rumanía sufre por ello incursiones rusas constantes con drones cerca de su frontera. Es un país clave para el apoyo a Kyiv y perderlo sería un golpe formidable para Europa.
Además, Rumanía ha demostrado que el modelo occidental es el que funciona. Ha protagonizado una de las transiciones económicas más notables y exitosas de la UE. Según datos de Eurostat, su PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo ha superado al de la Hungría de Orbán, precisamente el modelo iliberal que tantos populistas presentaban como referencia, pero que estaba podrido de oligarcas. La comparación es reveladora. La Rumanía abierta, liberal-democrática y euroatlántica avanza mientras la Hungría capturada por el nacionalismo “posliberal”, oligárquico y prorruso ha retrocedido en pocos años hasta convertirse en el país más pobre de la UE.
Pero hay, además, un trasfondo que no conviene ignorar si se quiere entender esta extrañísima moción de censura del tándem de la ultraderecha con los poscomunistas mal reconvertidos en socialdemócratas: la posibilidad de una reunificación de Rumanía y Moldavia ha vuelto al debate público. La presidenta moldava Maia Sandu cada vez lo propone con mayor intensidad. Para Moldavia sería la vía más rápida a la UE y a la OTAN, pasando por fin la página del odioso pasado soviético. Ucrania ve con simpatía todo lo que aleje a Moldavia de la órbita rusa, y Moscú, que sigue percibiendo a Moldavia como “suya” en cierta medida (igual que percibe a todo el territorio ex soviético) teme y detesta esa posibilidad. Sería, además, el fin de la Transnistria rusa en el Este de Moldavia. Y claro, desestabilizar Rumanía busca frenar ese horizonte.
Por todo ello, la moción contra Bolojan no es un episodio parlamentario más. Es una prueba de madurez para Rumanía y para Europa. El PSD aún está a tiempo de rectificar y no ir de la mano de los falangistas carpáticos de Simion en la votación del día 5. Si no, habrán elegido aparecer en la fotografía junto a quienes trabajan contra Rumanía, contra Europa, contra Occidente y por el retorno, actualizado, de la pesadilla que murió con Ceausescu hace treinta y seis años.
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