Chicho Outeiriño
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La Copa del Rey del 2025 se recordará por los siglos de los siglos. Por dos motivos. El primero, la previa más convulsa que se recuerda. Todo empezó con la rueda de prensa de los árbitros, sus críticas (justificadas) a la televisión del Real Madrid y sus quejas y lágrimas. Pero, ¿por qué? Una exposición pública a la carta de los colegiados. Ellos, que nunca quieren hacer declaraciones, de los que no sabemos sus opiniones, siempre escapando de los focos. Menos cuando les interesa. Es injusto. Hay que estar a las duras y a las maduras.
Fue una verbena previa e innecesaria antes de que el balón rodase. Y ahí sí que hubo espectáculo del bueno. Una final que hizo justicia a la competición
Y claro, el Real Madrid, como club, entró en combustión. Un “in crescendo” de calentura que tuvo como colofón el plante a las ruedas de prensa, los actos festivos y el entrenamiento en La Cartuja. La amenaza indirecta de no presentarse estaba ahí, y esperaron a desmentirla a través de un comunicado. El sainete posterior al sainete previo. Se pasaron de frenada los blancos, con una especie de agravio que solo entienden los muy muy cafeteros.
Fue una verbena previa e innecesaria antes de que el balón rodase. Y ahí sí que hubo espectáculo del bueno. Una final que hizo justicia a la competición. Alternativas, tensión, polémica y un Barcelona que ganó en la prórroga lo que pudo perder antes. Luego está Rüdiger, que va por su cuenta. Reírle las gracias al alemán se fue de madre. Sus comportamientos producen vergüenza ajena. Una vez más.
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