Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
CLAVE GALICIA
El chófer de anécdotas recibió con pereza el encargo de parar en el Ikea del Marineda City de A Coruña. Hay bombillas que atan más que el contrato con la compañía eléctrica. “Seguro que sacas algo para el pedal”, animó la conviviente sin necesidad de añadir que la lámpara alumbra los dos libros y el recado cae en camino. El fastidio por tener que recorrer el laberinto de un gran centro comercial para comprar una bombilla parpadeó al buscar sitio en el aparcamiento.
“No escribas que me has visto”, bromeó un colega mientras cargaba el maletero. “Sigo de vacas, eh”, gritó por el retrovisor para atajar la posible confusión sobre absentismo laboral a la que podía haber dado pie su saludo. “Aburiño, neno” evita preguntas y ahorra respuestas, pero hoy la bombilla no va por ahí.
El montón al que se va el ojo en la zona de los felpudos ya no es el que decía “bienvenido a la república independiente de mi casa” y que tantas puertas conquistó. Ahora el reclamo es un felpudo con forma de sandía. “Palestina”, comenta una pareja al pasar. “Palestina”, repiten los clientes pastoreados por la flecha de la experiencia de compra, como le llaman a que lo veas todo aunque vayas a por una bombilla porque te has pasado el atajo y es peor volver que seguir. “Palestina”, comenta otra pandilla delante del montón. “Este duradero felpudo, con un estampado que parece una rodaja de sandía, le da un toque fresco a tu entrada para hacerla más acogedora y personal”, dice la página web de la compañía sueca. El cliente piensa en Palestina y en el genocidio que está padeciendo como castigo a la matanza de Hamás. Una multinacional vende lo que sabe que le van a comprar. En Bilbao impidieron el final de la etapa de la Vuelta por la participación del equipo Israel y a casi nadie le parece mal un veto en el deporte como el que se aplica a Rusia.
En la cola de la caja con una bombilla en cada mano, la señora de delante se sorprendió al cruzar la mirada con la pareja que buscaba ayuda para pasar el lector óptico en la fila de al lado. “Yo vine a traer el coche al taller porque en A Mariña para arreglar un arañazo hay lista de espera de dos meses”, contó tras la efusividad. “Nosotros, ya ves”, respondieron señalando el carro cargado de muebles por montar y un felpudo con forma de sandía.
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