Roberto González
Seguridad subjetiva
Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad tienen muy en cuenta, además de los datos que recogen los balances de criminalidad, la percepción que los ciudadanos tienen de su propia seguridad. Una cosa es la seguridad objetiva, la que reflejan las estadísticas, y otra la subjetiva, que es cómo se siente una persona cuando camina por su barrio, vuelve a casa de noche o pasa por una calle poco transitada. Y las dos son importantes, porque de poco sirve que las cifras indiquen que una zona es segura si sus vecinos han dejado de sentirse tranquilos.
Esa percepción no siempre se corresponde con la realidad. En ocasiones, varios robos, una agresión especialmente grave o la difusión de determinados sucesos en las tabernas, en los medios de comunicación o en las redes sociales hacen que los vecinos comiencen a evitar una calle, un barrio a determinadas horas del día. Puede que los delitos no hayan aumentado, pero la sensación de inseguridad sí lo ha hecho. Y eso también hay que tenerlo en cuenta.
Algo parecido está ocurriendo estos días con el ferrocarril. Los graves accidentes sucedidos en tan poco tiempo han generado una preocupación comprensible entre los ciudadanos. En este caso, además, hay motivos objetivos para estar preocupados. Hechos de enorme gravedad que nos llevan a preguntarnos qué ha podido fallar y, sobre todo, qué se está haciendo para evitar que vuelva a ocurrir. Está preocupación no desaparecerá de un día para otro.
Los ourensanos utilizamos cada vez más el tren para trabajar, estudiar, acudir a una consulta médica en Santiago, A Coruña o Madrid, o visitar a un familiar. Desde la llegada de la alta velocidad a nuestra ciudad, muchos hemos incorporado el ferrocarril a nuestros desplazamientos habituales. Nos ha acercado a otras ciudades y nos ha facilitado mucho la vida. Por eso, cuando ocurren accidentes como los que hemos visto, es normal que nos preocupemos. Queremos seguir utilizando el tren y hacerlo con la tranquilidad de saber que viajamos seguros.
Para que un tren circule con seguridad hay que revisar las vías, mantener las instalaciones, comprobar los sistemas y contar con personal suficiente y bien preparado. Hay que recordar algo que no siempre recibe la atención que merece: la importancia de mantener durante años unas tasas de reposición de personal estables. La experiencia de quienes llevan toda una vida trabajando no se adquiere de un día para otro, y es fundamental que esos conocimientos puedan transmitirse a quienes se incorporan. Tan importante es disponer de buenos sistemas como contar con profesionales que los conozcan, sepan utilizarlos y tengan la formación adecuada.
Después de lo ocurrido, lo razonable es conocer bien las causas del accidente, aclarar las responsabilidades políticas y después las judiciales y adoptar, desde ya, las medidas necesarias. Todo ello escuchando a quienes trabajan cada día en el ferrocarril y conocen sus problemas. Muchas veces son ellos quienes mejor saben qué necesita una instalación, sus carencias o qué cuestiones deberían mejorarse. Sus opiniones y advertencias deben tenerse en cuenta antes de que aparezcan los problemas, no solamente después.
El ferrocarril es un servicio esencial y detrás de su funcionamiento hay miles de profesionales que hacen su trabajo con responsabilidad. Precisamente por eso, debemos procurar que dispongan de los medios, el personal y la formación que necesitan. No podemos acostumbrarnos a que determinadas cuestiones relacionadas con el mantenimiento o las plantillas solo reciban atención cuando sucede algo grave.
Una vía revisada a tiempo, una avería detectada antes de que cause problemas, unas tasas de reposición estables o atender las reivindicaciones de los sindicatos y de los profesionales con años de experiencia quizá no tengan la repercusión de una nueva infraestructura o de un anuncio importante. Pero son cuestiones que influyen directamente en la seguridad. Y deberían tenerse presentes de forma continuada, con independencia de quién tenga en cada momento la responsabilidad de gestionar el servicio.
En los próximos meses habrá que trabajar también para recuperar esa seguridad subjetiva de la que hablábamos al principio. Y eso se consigue con acción, con revisiones rigurosas, con una planificación adecuada, con inversiones en mantenimiento, con plantillas suficientes y con una formación continua. También explicando las cosas con claridad, reconociendo lo que deba mejorarse y dando respuesta a las preocupaciones de los viajeros.
Los ciudadanos necesitamos razones para volver a sentirnos seguros. Quienes cogemos el tren con frecuencia queremos seguir haciéndolo sin tener que preocuparnos por cuestiones que deben estar resueltas antes de iniciar cada viaje. Confiamos en los profesionales que trabajan en el ferrocarril, pero también esperamos que quienes tienen la responsabilidad de gestionarlo hagan todo lo necesario para que puedan desarrollar su labor en las mejores condiciones, con gestiones silenciosas y sin tanto twit.
La seguridad objetiva se mide en datos. La subjetiva tiene mucho que ver con la confianza que sentimos los ciudadanos. Y cuando esa confianza se pierde, cuesta recuperarla. Por eso, después de todo lo ocurrido, lo importante es hacer las cosas bien, escuchar a quienes saben y poner la seguridad por delante de cualquier otra consideración. Solo así volveremos a subir al tren con la tranquilidad con la que lo hacíamos hasta ahora.
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