"Si las canciones parasen las guerras"

Publicado: 23 mar 2025 - 00:50
Opinión de La Región.
Opinión de La Región. | Alba Fernández.

Me llegan noticias de mi compadre Miguel. Hay que joderse, allá se va a actuar, a Nueva York, y a Miami. Cuenta que allí tratan a las personas como delincuentes. Te piden papeles y más papeles para entrar en aquel país.

Siempre ha sido muy sensible a las guerras. Insiste que estas guerras son una crueldad. Mira tú, hace no tanto, actuó en Santiago, y no se cortó un pelo en decir que es pro Palestina. Allá cuando la guerra de Irak, participó en manifestaciones en las calles y dando conciertos para que no entrásemos en esa jodida guerra.

Siempre ha sido muy sensible a las guerras.

Ay, pero recordemos. Un día, de 1969, se acercó a él un compositor argentino y le dijo: “tú, Miguel Ríos, y yo, Waldo de los Ríos, vamos a ser número uno en el mundo”. Miguel no le hizo mucho caso. “Me asustó un poco el saber que íbamos a las fuentes de Beethoven”.

Un día, de 1969, se acercó a él un compositor argentino y le dijo: “tú, Miguel Ríos, y yo, Waldo de los Ríos, vamos a ser número uno en el mundo”.

Pero la casa de discos Hispavox apostó por él. Cielo santo, cien músicos le acompañaron en la grabación del tema. Hermano lector, una bomba, nació el Himno a la Alegría. Miguel lo cantó en inglés y en castellano. Un himno a la paz.

Alguna vez me contó “una barbaridad, boom”, de inmediato número uno en casi toda Europa y allá en los Estados Unidos. Imagínate un mozalbete sin puta idea de inglés, recién llegado de Granada, recorriendo velozmente las emisoras más importantes de USA. “Con poco más de veinte años, me entraba el dinero a espuertas. Pero a mí no me importaba el dinero. Todo lo que necesitas es amor. Después, los Sex Pistols cambiaron la frase: “todo lo que necesitas es pasta”.

Años setenta: la guerra de Vietnam, es bien cierto que los jóvenes americanos quemaban sus cartillas de reclutamiento, mientras coreaban el ‘Himno a la Alegría’. Hasta el mítico Von Karajan versionó la canción. Amor, esperanza y libertad.

Pero quiero escribir sobre Waldo de los Ríos, al que conocí una noche en el Café Comercial de Madrid. Recuerdo su mirada penetrante levemente atormentada. Un estilo de vida creativo a manos llenas. Cierto es que años después de la aventura del himno, volvió a decirle a Miguel en un pub de Madrid “tú y yo vamos a volver a ser número uno en todo el mundo”. A un gran creador le resulta difícil lidiar con la realidad. Depresiones, alcohol, somníferos, una madrugada tomó su escopeta y puso punto y final. Quizás el fantasma del suicidio de su padre y su padrastro, le acosaban.

He de decirlo. Conocí a su mujer, Isabel Pisano, uruguaya, qué mujer. Fue miss, después se dedicó al periodismo, y escribió un libro escandaloso para aquellos años, “Yo puta”. No puedo evitar escribir sobre ella. Allá se fue a Palestina a entrevistar al mítico Arafat el líder de la OLP. El hombre más perseguido que dormía cada noche en distinta casa. Pues es bien cierto, vivieron su historia de amor. Como en un cuento de hadas se enamoraron en Bagdad. Cuando le pregunté por qué se separaron, esbozó una sonrisa, “los celos, amigo, los celos”

(Suele contar Miguel que de niño acompañó a su madre a una actuación de António Molina siendo éste ya mayor. Al finalizar ella le dijo: “niño, no te vayas a hacer viejo en un escenario”. Pero él sigue el lema de Albert Camus, “cuanto más viejo más rebelde”.

Si las canciones parasen las guerras…)

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