Si es por la fuerza, no es democrático

Publicado: 22 feb 2026 - 07:05
Opinión en La Región
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Millones de ciudadanos observamos atónitos desde nuestros televisores el asalto al Capitolio de los EEUU por una turba empeñada en imponer su voluntad. El rechazo fue unánime y generalizado, por el precedente que sentaba y el evidente riesgo de que semejante actuación se contagiara a otros estamentos en una reacción de imprevisibles consecuencias.

Ourense no es Estados Unidos, ni la subdelegación del Gobierno, el Capitolio, pero lo visto el pasado 6 de febrero en la ciudad es de estas escenas que atentan contra la paz social y respeto mutuo que deben guardar entre sí ciudadanos y administraciones. Más de un centenar de agricultores y ganaderos que entonces llevaban casi dos meses de protestas en distintos puntos de la provincia, decidió tomar por asalto la sede de la Subdelegación del Gobierno y hacer “rehén” al subdelegado.

La protesta es un derecho fundamental. La presión social forma parte del juego democrático. Pero ambas pierden autoridad moral cuando la intimidación sustituye al diálogo y la imposición desplaza a la negociación reglada.

No se pone en duda el legítimo derecho de cada quien a defenderse o a discrepar con las decisiones de los gobiernos, a manifestar rechazo, a hacerse oír y a pelear por cambiar lo que se considera injusto. Pero actos como el vivido en la Subdelegación, aplicando las reglas de la democracia, solo puede generar rechazo, perplejidad y desapego de uno de los colectivos mejor valorados por la opinión pública. Si durante la epidemia del covid ellos fueron considerados los “héroes” que alimentaron al resto del país -y los medios de comunicación así se lo valoraron durante meses- ahora toca decir con el mismo énfasis que ese no es el camino y que semejantes hechos les desacreditan a ellos y generan dudas sobre sus demandas.

La protesta es un derecho fundamental. La presión social forma parte del juego democrático. Pero ambas pierden autoridad moral cuando la intimidación sustituye al diálogo y la imposición desplaza a la negociación reglada. Aún más preocupante resulta la tibieza con la que se gestionó la situación. La pasividad de la jefatura de la Policía Nacional, exponiendo a sus agentes y permitiendo el deambular de los manifestantes por dependencias oficiales sin apenas control, transmite un mensaje inquietante: que la firmeza institucional es negociable.

Tampoco ayuda la actitud del máximo representante gubernamental en la provincia, que lejos de marcar límites claros ante una acción coercitiva, optó por contemporizar y aceptar un calendario de reuniones bajo presión. Negociar es siempre necesario; hacerlo bajo la amenaza de la fuerza erosiona la autoridad de las instituciones y envía una señal equivocada. Sin embargo, es algo que se veía venir porque permitir durante semanas que las calles estuvieran tomadas por tractores y basura, con la anuencia de las autoridades, eran la antesala de lo que luego sucedió.

La provincia necesita diálogo, soluciones y responsabilidad. Lo que no necesita es normalizar la coacción como método ni asumir que el fin justifica los medios.

Una protesta que mantiene cortada aún nuestra principal vía de comunicaciones con la Meseta, la A-52, castigando, no a los políticos, sino a los conductores ourensanos, pero también incrementando los costes a los miles de transportistas que utilizan diariamente esta autovía a la vez que penalizando los tiempos de desplazamiento que precisan.

La provincia necesita diálogo, soluciones y responsabilidad. Lo que no necesita es normalizar la coacción como método ni asumir que el fin justifica los medios. Cuando la protesta traspasa la línea roja de la legalidad y la convivencia, deja de fortalecer la democracia y comienza a debilitarla. Producen sonrojo ver cómo, mientras la principal conexión de Ourense con el resto de España permanece cortada, los autores del corte y el subdelegado del Gobierno se fotografían amistosamente, como si no pasase nada. Y disimulan amenazando con multas que los destinatarios parecen estar seguros de que no pagarán. Todos están contentos. Menos usted, que si quiere conducir entre Ourense y Verín, tendrá que pasar un vía crucis.

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