“Si ocurrió una vez...”

EL ÁNGULO INVERSO

Publicado: 02 nov 2025 - 06:10 Actualizado: 02 nov 2025 - 07:53
“Si ocurrió una vez...”
“Si ocurrió una vez...” | Alba Fernández

Se me acerca alguien en la calle con la mirada de los que se hacen las grandes preguntas. “No se acordará usted de mí, pero yo estuve en aquella camada de la que escribió usted en Santiago el pasado domingo. Usted estaba en Madrid, pero venía con cierta frecuencia. Estamos hablando de los belicosos años setenta. Me alegra mucho que escriba usted de esa generación tan olvidada. Me gustaría también que recordase a aquel hombre, aquel líder revolucionario al que llamábamos príncipe Galín. Era un maestro con la gaita, cantaba con voz profunda y tenía un verbo seductor. Su imagen, extenso bigote, gorra al estilo del Che, botas puntiagudas y siempre cubierta por una gran capa negra”.

“Todavía Santiago no se había convertido en una fonda y no habían llegado las multitudes que cada día entran en la ciudad. Entonces, tenía más alma y romanticismo. Cuando la visito me lleno de tristeza, ya no quedan ninguno de aquellos tugurios y bares llenos de estudiantes bebedores”.

Escucho con mucha atención y, claro que recuerdo aquel Santiago. Estaba de moda el “Tumba dios”, una bebida única en el mundo. Entrabas en el local, te acercabas a la barra, te inclinabas hacia atrás en el mostrador, abrías la boca y la “camarera” comenzaba un ceremonial verdaderamente brutal. Primero, te empujaba por la boca un buen trago de Anís del Mono; después aquel inolvidable coñac Fundador, continuaba con el licor café, el aguardiente, el Martini, etcétera. Sus amigos lo sostenían y el cliente casi siempre se derrumbaba en el suelo.

Escucho con mucha atención y, claro que recuerdo aquel Santiago. Estaba de moda el “Tumba dios”, una bebida única en el mundo. Entrabas en el local, te acercabas a la barra, te inclinabas hacia atrás en el mostrador, abrías la boca y la “camarera” comenzaba un ceremonial verdaderamente brutal.

Mi interlocutor insiste, “es inevitable que escriba sobre el príncipe Galín, un auténtico líder revolucionario. Era un maestro con la guitarra y cantaba con pasión ‘mala reputación’. Era un líder libertario. Tenía una máxima, ‘desnudaos del hombre viejo, pero sin olvidar nunca los buenos principios’. Llevaba muy dentro las viejas frases de aquel incendiario mayo del 68, repetía con frecuencia ‘prohibido prohibir’, ‘la imaginación al poder’, ‘seamos realistas, pidamos lo imposible”. Había estado en primera fila en aquellos días de huelga general cuando los estudiantes tomaron la Sorbona y llenaron las calles de París. más de un millón de manifestantes. Regresó a Santiago después de aquella batalla en las calles de la ciudad de la luz.

Aún le vi rozando los 70 allá en “La Boule d’Or”. Llegué a París cuando se había terminado ‘la fiesta’. En aquel local todavía vi a Fernando Arrabal y García Calvo. Un exiliado republicano les iba consiguiendo trabajos a los que habían huido de la España de Franco. Había que espabilar. Por ejemplo, un grupo salía a las calles y a la estación donde los trenes partían para España con un bolso lleno de periódicos de ‘El Mundo Obrero’, otros portaban aquellos libros tan prohibidos en España de la editorial ‘El Ruedo Ibérico’. Conocí a porteadores que con las maletas llenas de libros de la perseguida editorial, llegaban a Madrid y los vendían a los intelectuales del Café Gijón o el Comercial.

(Me dice emocionado mi interlocutor: usted no estaba allí, pero Galín montaba unas soflamas incendiarias en la facultad donde él se había matriculado en biología. Qué día aquel del 74 en que él entró en la facultad de medicina con una burra vestida de catedrático “no era para el honoris causa sino para el horroris causa”. Cuando le visitaba la nostalgia, le resbalaba una leve lágrima y mascullaba: “si ocurrió una vez, puede volver a ocurrir”)

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