Juan Pina
Hacia una España más federal
Aunque a estas alturas uno ya está curado de perplejidades, a veces se rebasa cuando lee determinados oratorios de singular simpleza argumental. He aquí el resumen del enunciado: todo lo que sea crítico con Sánchez y su Gobierno es “fachosería” o “fachosfera”. El enunciado tiene especial relieve cuando lo formula algún personaje que haya tenido un carguito. La simpleza argumental se refiere a la estructura básica de los argumentos. En el esquema intelectual, el argumento se construye sobre razones que llevan a formular una tesis. Aquí es al revés. Se parte de un enunciado definitivo, enmarcado, rotundo, sin discusión, “la fachosería”. Algunos se empeñan, en el caso de los medios, en el relato detallado de todos los elementos que alinean en ese bando, sin percibir que, por la teoría de los contrarios, ellos mismos abrevan en las cuadras del “sanchismo”.
En este asunto, este pobre razonamiento se alimenta de abstracciones. En suma, una visión simplista de la realidad. De lo que los socios de Sánchez llaman “el Estado español”, o mejor “el régimen del 98” y semejantes tiene nuevos y viejos rapsodas. Son algo pesados de leer, francamente. No hace falta tanto rollo duplicado para llegar al mismo sitio. Pero perseveran. El discurso se construye sobre argumentos simplones, disfrazados de elaboración intelectual. Hoy, el pensador no necesita pensamiento sino un manual de frases encrespadas, se ha dicho. Es casi escatológico: del otro lado del que ocupa el orador está el mal, la alianza de periodistas, medios y personas cualquiera que no digiera las píldoras de los medios gubernamentales, empezando por la televisión pública. Fuera de eso está el círculo del mal, “la fachosería”.
Se ha dicho que todos los que manejan recursos deberían considerar a los que no participan de sus principios, escucharlos y tener una visión global, panóptica de la realidad, no su versión sesgada, incompleta. Son los mismos que niegan la historia cuando no les conviene. Lo de “fachosfera” que puebla los discursos de Pedro Sánchez, y sus turiferarios pregonan, es un invento francés. Aparece en Francia en 2016 para englobar el ecosistema digital de la extrema derecha (blogs, webs y cuentas de propaganda). Pero la percepción española se ha ampliado a todo lo que no sean el partido de Sánchez, Bildu y los independentistas, el PNV y la extrema izquierda variada. Fuera de eso, todos fachas, incluidos los discrepantes del propio PSOE, como el que refundó el partido en Suresnes, Felipe González. Éste, sobre todo. Y de Alfonso Guerra ni te digo lo que dicen.
Pedro Sánchez viene utilizando esta expresión, ahora extendida, desde 2024, en una entrevista en La Vanguardia y tomando la idea francesa se refirió de manera genérica a los medios y movimientos de derecha y ultraderecha que, a su entender, “buscan polarizar, insultar y generar una desconfianza con un fin claro”. Además, tienen una extraordinaria capacidad para sobreponerse a cualquier duda moral. ¿No dijera que iba a traer a Puigdemont? Pues ahí lo tienen. El cómo, el precio, la impunidad de sus actos y todo lo demás se abstrae. ¿Para qué molestarse? Ese simplismo mental ha se ha construido con ejemplos notables, como el caso de la reivindicación de Cataluña. Recordemos: “España nos roba”, “democracia española de baja calidad”, “no nos dejan votar”. Claro que todo eso se arregla cuando el mismo que dijera que la amnistía no encajaba en la Constitución o que era contrario a que un político indulte a otro concluye que “el perdón es mejor que la venganza” o que todo se arregla con amor. Eso, mucho amor.
Los que de verdad saben de qué hablan concluyen que el eslogan no resume un ideario, ahora es un programa completo. Así la derecha es franquista por esencia. Y quienes escriben o argumentan desde posiciones conservadores forman parte de la “fachosería”. Y eso ni se discute. No es necesaria la autocrítica. Para definirse no se precisan argumentos: basta con decir que son simplemente los contrarios a los de los otros. La Constitución ya no sirve, hay que modificarla a conveniencia de quienes convenga. Que los partidos de derechas pacten entre sí es una monstruosidad; hacerlo con Bildu, un legítimo uso democrático y constitucional.
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