Sin título...

Publicado: 13 dic 2024 - 01:14

Estimada señorita:

Avanza diciembre y los días se desprenden del calendario dejando algunas anécdotas sin trascendencia. Nada es relevante. Son como los chasquidos en una maquinaria que opera en un tiempo sin sobresaltos.

Al instante comprendí lo que Chesterton decía. Alguna mente iluminada había deslocalizado la pila perpetrando de paso un acto muy friki y muy vulgar

Pero al menos no son vulgares. Por cierto que G.K. Chesterton, el genial novelista británico, apuntaba que algo solamente es vulgar cuando al tratar de elevarse muestra su bajeza. Es decir, no la costumbre o lo cotidiano (que a fin de cuentas es lo que es) sino lo pretencioso que atenta contra lo auténtico. Pongo un ejemplo. Este mes acudí a un entierro en el rural en una tarde gélida. Un viento repugnante transportaba el frío de aquí para allá cercando la pequeña iglesia donde se desarrollaba el oficio, estaba tan abarrotada de público que no se cabía. Así que no tuve más opción que quedarme temblando a la intemperie. Entonces la vi. En el centro de una rotonda asfaltada, frente a la verja del cementerio habían colocado una antigua pila bautismal transformada en fuente. Con chorrito. Y al instante comprendí lo que Chesterton decía. Alguna mente iluminada había deslocalizado la pila perpetrando de paso un acto muy friki y muy vulgar.

Otro día me desplazé con mi padre para estudiar una oferta de trabajo. Fuimos en plan equipo, rollo escultores que van a estudiar el terreno. Casualmente el cliente era un párroco joven de otra provincia. Un cura simpático e ingenioso que no aparentaba ser cura, sino un “runner” u otra clase de deportista. Un cura que se declaraba galeguista y al que escuché decir con retranca en varias ocasiones: “Eu douche as miñas bendicións. Se as perdes é cousa túa...”

Nos enseñó el templo, que es una construcción moderna, obra de un reconocido arquitecto, y a continuación nos invitó a comer. Comimos como curas compartiendo mantel con un amigo común. Y no hablamos de lo divino, tan solo de lo humano. Así que lo único que puedo decir es que estos viajes con mi padre siempre resultan memorables. Lo pasamos realmente bien.

También estamos de obras. Las obras, como usted sabe, retienen casi toda la atención aunque uno permanezca como mero observador mano sobre mano. De pronto no se habla de otra cosa, de cómo va la obra, de que la obra va bien o muy bien o de que en la obra ha habido un retraso o un traspiés. Vienen los vecinos a visitar la obra y todo el mundo opina. Y la puñetera obra se convierte en una atracción local sin que nadie sepa cuándo o cómo se va a acabar. Que es justamente lo que yo desearía.

Ya lo ve, es todo tan poco relevante que ni siquiera he conseguido ponerle un título.

Contenido patrocinado

stats