Del mismo sitio al mismo lugar

LA OPINIÓN

Publicado: 12 jul 2026 - 08:45
Ricardo Rodríguez, con Suiza frente a Bosnia en el Mundial.
Ricardo Rodríguez, con Suiza frente a Bosnia en el Mundial. | La Región

En 1984 José Rodríguez y María Méndez emigraron a Berna. Lo hicieron como sus homónimos bíblicos, como tantos otros gallegos empujados a buscar mejores oportunidades para sus hijos lejos de la terriña. José se ganó la vida salando repollos en una fábrica de chucrut y, gracias a su denodo, hoy puedo escuchar con arrobo las crónicas del éxodo que cuentan mis suegros.

Otro gallego de Crecente, José Manuel Rodríguez, viajó a Zúrich por un futuro mejor. Allí conoció a la chilena Marcela Araya. De su unión nació Ricardo Rodríguez que, en Estados Unidos, cumple su cuarto mundial seguido. Otro Ricardo guarda similitudes. En el caso de los Cabanas fueron los abuelos quienes, en 1968 y desde el Valle de Barcia, en Carral, emigraron, también a Zúrich, para montar un taller de carrocería de automóviles. Su nieto resultó futbolista y guió al país de los cantones al Mundial de Alemania de 2006.

Hace unas horas que Suiza viene de jugarse su futuro en Kansas City. Lo hizo a las 3 de la madrugada ante Argentina en un duelo que representa un abrazo para la diáspora celta. Las puertas helvéticas se nos abrieron en los 50, cuando aquí había mucha hambre y poco trabajo. Pero antes, Buenos Aires ya se había convertido en la quinta provincia gallega.

Este Mundial demuestra que lo heterogéneo no es una moda. Uno de cada cuatro futbolistas, el 25%, no ha nacido en el país al que representa. El fútbol nos recuerda que da igual la piel por bajo de la camiseta.

Sucedió a finales del XIX dejando huella también en el fútbol. Rogelio Domínguez ‘El Flaco’, con orígenes en Padrenda, fue su guardameta en Chile 1962. Y en el primer mundial de la historia, el hijo de un emigrante de Cuntis, Nolo Ferreira, portó el brazalete albiceleste. La emigración a Argentina tan solo continuó otro desplazamiento rioplatense. Uruguay emergió como la primera respuesta ante el atraso agrario y como recuerdo de aquello resiste un monolito: el Centro Gallego de Montevideo, de 1879, es nuestra institución más antigua.

Es entre los charrúas donde encontramos más camaradas. Cuatro fueron campeones en aquel primer certamen del 30: Lorenzo Fernández ‘El Gallego’, Pedro Cea ‘El empatador olímpico’, Álvaro Gestido ‘El Caballero del Fútbol’ y Héctor Castro ‘El Divino Manco’. En Redondela, O Morrazo y Vilalba se hallan sus raíces. Continuaron la saga otros dos en el Mundial del Maracanazo. En Brasil 1950 el capitán, Obdulio Muíños, era vástago de un gallego y uno de sus máximos anotadores, Cotorra Míguez, hijo de emigrantes de Meicende. Cuatro años después se unió otro par. Santamaría, de padres arnoianos, cuenta con la peculiaridad de haber jugado un Mundial con Uruguay y otro con España. A su lado, estaba Rafael Souto con raíces profundamente herculinas: su madre de Carballo y su padre de Arteixo.

José Macía ‘Pepe’ fue el escudero de Pelé en Suecia 1958 y Chile 1962. Jugaba con Brasil pero sus padres eran de Verín. Y en Francia 1938 brilló una selección cubana con peso galaico: Manuel Choréns, coruñés, de capitán; el vigués Pedro Bergés y Juan Tuñas, hijo de un emigrante de Negreira. Pero es Alfonso Hermida quien te hechiza de verdad contando estas fábulas.

Este Mundial demuestra que lo heterogéneo no es una moda. Uno de cada cuatro futbolistas, el 25%, no ha nacido en el país al que representa. El fútbol nos recuerda que da igual la piel por bajo de la camiseta. Que el nacer aquí o allí es accidental. Y que la migración de los que hoy vienen en patera es exactamente la misma que realizaron nuestros padres o aquellos ingleses que se subieron al Mayflower en 1620 para fundar los Estados Unidos. Los mismos Estados Unidos que hoy asesinan todo lo diferente. Todos venimos del mismo sitio y vamos al mismo lugar.

@jesusprietodeportes

Contenido patrocinado

stats