Jesús Garrido
LA OPINIÓN
Del mismo sitio al mismo lugar
EL ÁNGULO INVERSO
¡Qué barbaridad, cuánta gente rara hay por el mundo! El inmenso calor afecta sobre todo a los más vulnerables.
Pero te cuento, camino por la calle de la Paz y se me acerca un individuo con ropa humilde, eso sí, con pajarita, me toma del brazo: “Usted, que escribe en los periódicos, tiene que ayudarme, le diré pronto el día. Sepa usted: ayuno desde hace días, oro profundamente, ando mucho por los montes”. La que me va a caer, pienso. No sé qué pasa, que siempre se me acercan tipos así. No hay otra opción, lo escucho con paciencia: “Mire, yo tengo la solución para los males de esta Hispania nuestra. La gente padece ceguera. Pero se lo diré directamente. He tenido visiones. He visto al diablo en los ojos del presidente. Sepa que estuve en un seminario. He investigado a fondo a los exorcistas”. Cielo santo, va el fulano y me saca una cruz de las que usan los curas en sus ceremonias: metálica y resplandeciente. “He estudiado todas las oraciones para liberar al hombre de sus demonios. He leído las oraciones de León XIII, hace más de cien años, invocando a San Miguel Arcángel; la oración de la flor del Carmelo…” Le paro: “Por favor, no me dé la lista completa de exorcistas. Vamos al grano”.
El día que reciba la señal partiré hacia la montaña más alta, allá en el Teide, en lo alto del volcán. Extenderé mis brazos hacia la península.
“Sepa que el mal existe. El mal supremo ha poseído al presidente. Lo he visto claro. Voy a actuar. Si exorcizo al presidente, salvaré también a todos los españoles desquiciados. Usted ya ha escrito sobre la pestilencia que cubre este país. Pero yo le digo más: el espíritu inmundo se ha apropiado de las almas de todos nosotros”.
“Tengo todo meticulosamente planeado. El día que reciba la señal partiré hacia la montaña más alta, allá en el Teide, en lo alto del volcán. Extenderé mis brazos hacia la península. No le contaré mis secretos, pero sepa que recitaré la oración que nos enseñó Jesús, el Padrenuestro”.
Hoy, en la tertulia, miro alrededor y la verdad es que veo a todos mis colegas un poco quemados psíquica y físicamente. Estamos en silencio. Cierto es, si no mejoras el silencio, cállate. Inevitablemente cuento mi experiencia exorcizadora. Interviene el pintor: “Tengo que hacer una confesión, mira que soy ingenuo, creía en Zapatero y ahora tengo la moral hecha unos zorros”.
Habla el músico: “Me como el coco, como decíamos antes, es difícil entender cómo hemos llegado a este degenere. Quizás sea el epílogo de un tiempo”.
Me toca: “¿Recordáis a Javier Krake, con Sabina y Alberto Pérez? Nacieron en aquel garito de la Cava baja de Madrid, La Mandrágora. Javier compuso la última canción censurada en la transición: “Cuervo ingenuo”. “Hombre blanco hablar con lengua de serpiente”, cantaba. Eran tiempos de OTAN, de entrada no: “Tú tirar muchos millones en comprar tontos aviones”. Lo malo de todo lo que nos ocurre es que nos vamos haciendo más descreídos, más cínicos y, maldita sea, hasta peores personas.
(Termina la reunión. Ana, nuestra contertulia, nos hace un guiño: “Ojalá el exorcista nos salve”).
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