Julián Pardinas Sanz
Las encuestas del CIS de Tezanos, un problema institucional
Los estudiosos de los sistemas socialistas tipo soviético señalaban que al carecer de precios de mercado los planificadores tenían que recurrir a indicadores indirectos, como escasez de productos en las tiendas o colas a la hora de adquirirlos y lo que más me llamaba era que usaban como indicador de mal funcionamiento las catástrofes. Este último me llamaba mucho la atención, hasta que al informarme estos días sobre el desgraciado accidente de Adamuz me di cuenta de cuanta razón tenían los que elaboraban los planes en usar este tipo de indicador. Si no fuese por esta desgraciada catástrofe no estaríamos los comentaristas dedicados a analizar la cuestión del deterioro de las infraestructuras ferroviarias y a alertar sobre su deterioro, es más probablemente y por desgracia no exista en nuestro país otra forma de informar y concienciar sobre el mal estado de algún servicio público, pues rara vez se habla del tema salvo que pase algo muy grave. Ya se habían dado avisos suficientes en el sistema ferroviario de alta velocidad española en forma de retrasos, trenes detenidos durante mucho tiempo en medio del trayecto o colapsos en estaciones, pero siempre se habían saldado con excusas ministeriales culpando a todo tipo de factores externos. Pero una catástrofe así ya no se puede ocultar y obliga a tomar medidas, salvo que se quiera abandonar el servicio. La propia huelga de los ferroviarios ya indica que quienes conocen bien la red son conscientes de su deterioro.
El ferrocarril español de alta velocidad es deficitario en muchos de sus trayectos y es además proporcionalmente mucho más caro que las líneas convencionales.
La economía española no es del todo socialista, como la soviética, pero algunos de sus componentes fundamentales, como es el caso de las infraestructuras, si lo es en el sentido de que son sectores estatalizados de gestión pública, y por lo tanto están sometidos a las mismas leyes económicas que operan en la economía socialista, si bien en nuestro caso de forma atenuada, al existir sectores de mercado con los que compararse. Que buena parte de la sociedad entienda que deban seguir así, e incluso lo consideren conveniente por razones políticas o de equidad social no implica que no esté sujeto a las mismas leyes que operan en las organizaciones socialistas. Y uno de los problemas de este tipo de organizaciones son los que se refieren al mantenimiento de infraestructuras y al mal cálculo que se realiza a la hora de amortizar maquinaria y bienes de equipo. La carencia de tipos de interés de mercado a la hora de hacer los cálculos y el que estos estén supeditados a criterios políticos se cuentan entre los factores que pueden explicar este mal cuidado de las infraestructuras públicas, que todo apunta a que está detrás de las causas de la tragedia.
El ferrocarril español de alta velocidad es deficitario en muchos de sus trayectos y es además proporcionalmente mucho más caro que las líneas convencionales. Esto lleva a que no sea una prioridad política atenderlo, dado que detrae recursos de otras actividades más interesantes políticamente. Luce mucho mas la inauguración de una nueva línea que reparar las ya existentes, pues es algo que no se ve ni sale en la portada de los medios d comunicación y la tentación obvia es intentar retrasar este tipo de gastos. Si a esto se le suma que el transporte ferroviario ha servido en los últimos años para levar a cabo políticas populistas de transporte gratis o fuertemente subvencionado, que detraen recursos necesarios para fines de mantenimiento y sobrecargan su uso, o su uso en prácticas corruptas investigadas judicialmente tenemos ya una tormenta perfecta, de la que este triste accidente es el indicador de que las políticas actuales de transporte deben ser cambiadas. Aunque me temo que salvo que se cambie su forma de gestión va a ser algo difícilmente realizable.
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