Manuel Orío
RECORTES
Andalucía pide paso
Lo he enviado al grupo”, respondió una colega de un gabinete de comunicación al pedirle más señas de una convocatoria que había llegado por correo electrónico para decidir si compensaba el paseo. “Espera que te añado”. Le costó entender que el rechazo a la invitación para ingresar en el selecto club de compañeros es para evitar papeleo innecesario. Una columna no necesita fuentes, declaraciones oficiales le llamábamos antes, a deshora y si en el WhatsApp sobrevive el grupo de la pachanga de los jueves es porque recuerda que la felicidad corría con una pelota pegada al pie y tal vez un día coincida.
En el teléfono sólo pitan los avisos de los grupos de La Región y de las andainas, donde se penaliza todo lo que no sea verse sobre la ruta
La tentación de cambiar de idea y contar con acceso al grupo de miranda se paseó un instante. El sustancioso debate periodístico paralelo debe ser caldo gordo de tertulias, pero la pereza convenció a la curiosidad y lo que ahí se cocina seguirá en sombra. En el teléfono sólo pitan los avisos de los grupos de La Región y de las andainas, donde se penaliza todo lo que no sea verse sobre la ruta. Hace tres lustros, cuando la sociedad empezó a agruparse por mensajería para resolver problemas de intendencia con el colegio de los cativos y otras rutinas, en una suerte de Foro Coches entre conocidos, estar en la lista de determinadas instituciones se tomaba como un pase vip a la información en circunstancias especiales. Pero esa herramienta de audiencia acotada también sirve para meter a cañón la agenda o las fuentes, siempre interesadas, con acuse de recibo en un movimiento.
En el periódico existía el comodín de la llamada, en caso de haber matices, hasta la hora de cierre
Un compañero de ronda de prensa cargará con el marrón de varios grupos de mensajería según la sección de destino. Resultará casi imposible escaquearse cuando la distribución de la jornada depende de la convocatoria de otros o te llevan las declaraciones del canutazo a la puerta. Antes disimulábamos en cola a que el que perpetraba la rueda de prensa terminase el carrete para hacerle la pregunta a solas y sacar una declaración distinta de otros medios, a veces contradictoria. En el periódico existía el comodín de la llamada, en caso de haber matices, hasta la hora de cierre. Algo impensable tres lustros después donde la reacción a una declaración hace cola en los mensajes del móvil. “¿De verdad que no estás en el grupo de la familia?”.
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