Roberto González
¿Quién paga?
No cabe duda de que la sociedad en la vivimos actualmente no tiene nada que ver con la de hace décadas. Vivimos en una época marcada por internet, los smartphones y la inteligencia artificial. Empresas como OpenAI, Google o Microsoft (con la inteligencia artificial) están impulsando avances que cambian cómo trabajamos, aprendemos y nos relacionamos y comunicamos. Lo que realmente transforma la sociedad. Esto ha cambiado: la comunicación, el trabajo, la educación, el acceso a la información, y lo que más influye son los cambios en la familia, que ahora tiene una estructura más diversa que antes. Existen más divorcios, más personas viviendo solas, más parejas que no se casan, familias con diferentes modelos (monoparentales, reconstituidas, LGTBI) que representa a personas con diversas orientaciones sexuales e identidades de género.
Quizás en todo ello lo que más ha influido ha sido la globalización, el mundo está mucho más conectado económica y culturalmente. Entre los que más se difunden rápidamente están la música, el cine, la moda o la comida de diferentes países. También ha significado para muchos países (especialmente los occidentales) que han ampliado derechos para distintos grupos sociales, lo que ha significado una mayor participación de las mujeres en acceso a la educación y al trabajo, avances en derechos civiles y diversidad de sexo, reconocimiento legal de matrimonios entre personas del mismo sexo en varios países. Esta globalización, lo que ha conseguido es que las economías, la cultura y la información están conectadas, así lo que ocurre en un país puede afectar rápidamente a otros.
Resumiendo, en 50 años la sociedad ha pasado de ser local, lenta y analógica a ser global, digital y muy rápida, utilizando nuevas tecnologías como internet, los ordenadores, las apps, los smartphones y las redes sociales como WhatsApp, Instagram, TikTok; como consecuencia, la vida cotidiana está muy conectada, con una realidad compleja, con grandes avances, pero también con grandes desafíos. Nunca hubo tanta información disponible, pero también tristemente existe más desinformación y polarización social. La velocidad del cambio es mayor que en otras épocas. Innovaciones, crisis económicas o conflictos políticos pueden transformar la vida cotidiana en muy poco tiempo.
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