Superar el mito de “pobres pero felices”

TENSAR EL ARCO

Publicado: 10 feb 2026 - 01:10
Opinión en La Región
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La realidad de estos días, y creo que la de cualquier otra época, desmentiría la fórmula de “pobres pero felices” que tuvo su máximo esplendor durante el auge de la novela pastoril, entre los siglos XVI y XVII.

En el imaginario popular está arraigada la creencia de que la riqueza implica cierto “malditismo”, y que tras cada salto de progreso hay un retroceso o un deterioro de nuestra condición original. Pero no es necesariamente así. ¿Y si pudiese haber una forma de equilibrio entre cuidar de la naturaleza y a la vez servirnos de sus tesoros ocultos? El contrapunteo es delicado, pero posible.

Ourense tiene minerales como el litio, el wolframio y el tántalo cuya extracción bien pudiese contribuir a la descarbonización global. La provincia podría posicionarse como un proveedor ético y sostenible de estos recursos, atrayendo inversiones bajo la nomenclatura de “financiación verde” de la Unión Europea.

La extracción de la riqueza y el cuidado ambiental pueden ser compatibles, siempre y cuando las prácticas sean de vanguardia.

Según la reputada revista Interempresas, tan solo la explotación responsable de wolframio y estaño en el Cinturón Ibérico podría traducirse en un valor total superior a los 23.300 millones de euros, pastel económico del que pudiera tener una importante tajada la provincia de Ourense, si se consideran los usos del wolframio en la industria aeroespacial, y la alta demanda del estaño en la industria electrónica. ¿Por qué no aprovechar en sus máximos una mina como la de Penouta en Viana do Bolo que con su yacimiento de tántalo podría convertir a Ourense en un exportador europeo de referencia de un mineral imprescindible para la fabricación de condensadores y microprocesadores? ¿Hasta donde ascenderían los beneficios si pudiese explotarse responsablemente al menos al 50%, el yacimiento de litio localizado en zonas como Doade y Beariz?

La disyuntiva histórica entre el interés industrial y el naturalista podría superarse mediante el compromiso de excelencia técnica y transparencia social. La extracción de la riqueza y el cuidado ambiental pueden ser compatibles, siempre y cuando las prácticas sean de vanguardia. En este caso sería vital la implementación de sistemas de monitoreo ambiental accesibles al público en tiempo real, lo cual reforzaría la confianza de las comunidades locales y los grupos ecologistas. Otro punto clave consistiría en asegurar que los beneficios de la actividad minera se conviertan en mejoras tangibles para las comarcas donde se realiza la extracción, priorizando la contratación local y la inversión en servicios básicos en el rural. En caso de que estos mecanismos lleguen a ponerse en práctica, se modernizaría el sector minero ourensano, convirtiéndose en un referente de sostenibilidad a nivel internacional.

Las prácticas del pasado no deben justificar la parálisis del presente. Ourense no tiene por qué elegir entre sus montañas y su progreso. Con un marco regulatorio exigente, una industria comprometida y una ciudadanía vigilante, la provincia puede convertir sus tesoros ocultos en el motor de un futuro sostenible. La minería del siglo XXI en Ourense no es el problema; bien ejecutada, sería una parte estratégica de la solución a los retos económicos y ambientales de nuestro tiempo.

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