Miguel Abad Vila
TRIBUNA
X: La amenaza fantasma
El poderío de la tecnoestructura en el ámbito político-administrativo es hoy formidable. Los expertos en el manejo del interés general estático y artificial han conseguido, gracias a su obsesión por el mando y la conservación del status quo, manejar los procedimientos administrativos de tal modo que han conseguido hacerse imprescindibles y aliarse en cada momento con el poder establecido.
La burocracia se encastilla y se apodera de la organización administrativa para encaramarse al poder con pretensiones de estabilidad y duración indefinida en el tiempo
Esta fenomenal posición de la burocracia en el ámbito público ha sido bien analizada hace tiempo por Bourdieu cuando señalaba que los agentes públicos, encargados de respetar y aplicar las normas a la realidad, disponen de una libertad de juego (o como suele decirse, de un margen de maniobra) tanto más grande cuanto más elevada es la posición que ocupan en la jerarquía burocrática y pueden trabajar para la ejecución de la norma o, por el contrario, para su transgresión, según ello tenga más provecho material o simbólico al mostrarse en cada caso estrictos o indulgentes.
Bourdien apunta a que, en ocasiones, sin transgresiones formales del orden jurídico, se puede contravenir el valor cuando a través de la forma, que olvida su condición de medio, la burocracia se encastilla y se apodera de la organización administrativa para encaramarse al poder con pretensiones de estabilidad y duración indefinida en el tiempo. Hoy, a la orden del día.
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